d

The Point Newsletter

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error.

Follow Point

Begin typing your search above and press return to search. Press Esc to cancel.

Zapatistas reciben a mujeres del mundo

Caracol Morelia, Altamirano, Chiapas.- Lo que hace iguales a las mujeres en los gobiernos neoliberales son los asesinatos y la violencia que enfrentan, señalaron este miércoles las zapatistas, en voz de la capitana de Infantería insurgente Érika. Y a pesar de esa deprimente declaración, que las miles de asistentes compartieron, en este lugar del sureste mexicano hay una fiesta.

            Este 8 de marzo dio inicio el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

            La lucha de las mujeres zapatistas, reconocida y apoyada en diferentes partes del mundo, y la figura de María de Jesús Patricio, Marichuy, como la primera aspirante indígena a la Presidencia de México, atrajeron a miles de mujeres de diferentes partes del orbe.

            “¿Creen que mañana estará Marichuy?”, preguntó con los ojos muy abiertos Obelia, una brasileña de 35 años. La sudamericana ha seguido la historia del levantamiento zapatista –ocurrido en 1994– y “con mucha emoción el proceso electoral de esta admirable mujer”. Cuando se enteró del encuentro juntó dinero, pidió prestado y compró sus boletos de avión.

            Y Marichuy sí estaba presente, la pudo ver de cerca. Sin embargo, María de Jesús Patricio, la vocera del Consejo Nacional Indígena, no hizo un pronunciamiento, como esperaban miles de asistentes. El periodo de intercampaña, que termina el 31 de marzo, le impide hacerlo. Sólo escuchó los discursos de las representantes de los cinco caracoles zapatistas.

Lo que hace iguales a las mujeres en los gobiernos neoliberales son los asesinatos y la violencia que enfrentan. Foto: Blanca Juárez.

“No vengan a luchar por nosotras, sino por ustedes”

Desde uno de los tres templetes de la enorme plaza del caracol, Marichuy oyó cuando la capitana Érika les aclaraba a las invitadas nacionales e internacionales: “No les pedimos que vengan a luchar por nosotras. Así como tampoco nosotras vamos a salir a luchar por ustedes. Cada quién conoce su rumbo, modo, su tiempo. Sigan luchando, no renuncien a ser mujeres que luchan”.

            Les contó que muchas de ellas, las más jóvenes, crecieron en la resistencia y han visto cómo sus compañeras “levantaron escuelas, hospitales y gobiernos autónomos. Hemos avanzado algo, aunque sea poquito, pero siempre es algo”. Así que las invitó a mejor organizarse para terminar con el capitalismo patriarcal que tanta violencia les provoca a las mujeres.

            Las zapatistas que están trabajando en el caracol Morelia para proveer la mejor atención son también miles; han venido de los cinco caracoles. Las actividades del primer día se centraron en explicar cómo las mujeres se involucraron en este movimiento. Las oradoras relataron los “desprecios, burlas, violencia y asesinatos” de los caciques.

            Sin embargo, “sépanlo bien que no siempre era hombre el que me humillaba, me despreciaba, me mataba. Muchas veces era mujer. La patrona”, señaló la capitana Érika, lo cual fue confirmado por sus compañeras que le precedieron en los discursos de bienvenida. Las indígenas explicaron que eran explotadas en el trabajo doméstico, pues no recibían un salario y muchas, además, eran golpeadas.

            La capitana narró que, antes de que el zapatismo creara comunidades autónomas, para ellas era común ver “patrullas militares rondando y escuchar a los soldados decirles chingaderas a las mujeres, nomás porque ellos eran hombres armados”. Las muertes maternas por motivos prevenibles y evitables eran el pan de cada día. Todas esas vejaciones les hacían sentir “rabia con los pinches gobiernos”.

            Al principio de la lucha zapatista ellas no sabían nada, dijeron. Sin embargo, se extrañaban que sus maridos, padres o hermanos salieran de noche. Ellos no les querían informar de la lucha, en ese entonces clandestina, por razones de seguridad. Pero otros porque “decían que las mujeres somos chismosas”, reprocharon.

Muchas de ellas, las más jóvenes, crecieron en la resistencia y han visto cómo sus compañeras “levantaron escuelas, hospitales y gobiernos autónomos.” Foto: Blanca Juárez.

            No obstante, ellas fueron enterándose y más tarde comenzaron a participar. En un momento ya “no importaba si eras hombre o mujer, importaba si estabas dispuesta a luchar sin rendirte, sin venderte y sin claudicar”, apuntó la capitana.

            Para ella, las mujeres son como un bosque, o un monte, “como nosotros le llamamos”. Ahí hay árboles muy diferentes, “como todas nosotras”. Y ahora, gracias al capitalismo patriarcal, algo que tienen en común son los asesinatos y la violencia, dijo.

            La segunda parte del día las anfitrionas ofrecieron bailables, canciones y obras de teatro. Muchas de las espectadoras emocionadas y asombradas por los espectáculos eran las propias zapatistas. Aunque exhaustas por tanto trabajo de organización previa y luego por recibir y alimentar a una multitud de mujeres, no pararon sino hasta después de las once de la noche.

            La mayoría de las insurgentes comenzó sus trabajos asignados con tan sólo dos horas de sueño. Se acostaron a las cinco de la mañana y a las siete ya estaban de pie otra vez. Esto fue porque las participantes de más de 37 países comenzaron a llegar desde el miércoles 7; la fila para registrarse y obtener el gafete oficial era inmensa. Algunas tardaron hasta cinco horas formadas. La afluencia continuó hasta las cinco de la mañana del jueves. Hubo un momento de descanso, pero han continuado llegando hasta este viernes.

            Y justo este viernes 9 dieron comienzo diferentes talleres, charlas y debates a cargo de feministas de diferentes disciplinas y países. Todas aquí están trasnochadas, por la batucada colombiana y un breve concierto de las insurgentes que culminó con un encendido de velas.

Periodista ambulante. Me interesa compartir las voces que tienen que ser escuchadas. La única contradicción que no hay en mí es ser huasteca y chilanga.