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Arturo Zamora, el desterrado que brilla en el PRI nacional

Arturo Zamora Jiménez no pudo ser profeta en su tierra. Por más que se le mencionó como el candidato más fuerte y mejor posicionado del PRI en Jalisco para contenderle a Enrique Alfaro Ramírez la gubernatura, el Comité Ejecutivo Nacional de ese partido terminó decantándose por el ex titular de la Secretaría de Integración y Desarrollo Social (Sedis), Miguel Castro Reynoso, quien aspiraba en primera instancia a quedarse con la candidatura a la presidencia municipal de Guadalajara.

El lunes 11 de diciembre, casi al filo de las 20:00 horas, el propio Arturo Zamora dio a conocer mediante un clip de video que difundió en su cuenta de Twitter, su intención de continuar al frente de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), cargo que ostentará por los próximos cuatro años, y por el cual recibió felicitaciones de José Antonio Meade el pasado 27 de noviembre.

Quienes conocen a Zamora Jiménez saben que es un hombre institucional y sumamente disciplinado, por eso no extrañó que nunca hubiera tocado el tema de la gubernatura, o que ni siquiera haya hecho un pequeño desliz que pudiera insinuar su interés para abanderar al tricolor en Jalisco.

Incluso, el mensaje que transmitió por la red social fue extremadamente cauteloso y nunca aludió a los comentarios que lo situaban como el virtual aspirante. Se limitó a decir que decidió continuar su carrera en el ámbito nacional como líder del “sector popular”, para apoyar desde ese espacio la postulación de José Antonio Meade a la presidencia de la República, y la de Miguel Castro Reynoso al gobierno estatal.

“Hemos coincidido los sectores y organizaciones en apoyar a una persona de talento y experiencia, que como presidente municipal, legislador y funcionario público ha entregado los mejores resultados. Un hombre de familia, transparente y honorable que tiene la capacidad para encabezar los anhelos de los jaliscienses como aspirante a gobernador. Me refiero a mi amigo y compañero Miguel Castro Reynoso, a quien apoyaré hasta lograr el objetivo que garantice el bienestar de mis paisanos”, dijo.

El senador del PRI, Arturo Zamora. Foto: Especial

Con el enemigo en casa

Fuentes consultadas por el reportero –que prefieren mantenerse en el anonimato– comentan que no hay nada sorpresivo en el desdén que Zamora Jiménez mostró respecto a la candidatura al gobierno estatal pues, en realidad, desde que perdió la elección del 2006 frente al panista Emilio González Márquez, ya no deseaba estar en Jalisco.

En aquellos comicios Arturo Zamora encabezaba las preferencias con una ventaja que parecía imposible de remontarse, sin embargo la dirigencia nacional del PAN, conducida por Manuel Espino, orquestó una campaña negra que ligaba al candidato del PRI con el crimen organizado. La cruzada funcionó y en la recta final de los tiempos electorales, Arturo Zamora vio el desplome de su popularidad. Una y otra vez, sus presuntos nexos con el narcotráfico se consignaron en los medios de comunicación. Su rival llegó a afirmar que sería un peligro para el estado. El priista obtuvo el 41.40 por ciento de los votos emitidos, contra el 45.19 por ciento de su antagonista.

Pero Zamora no sólo compitió contra González Márquez, los mismos priistas deseaban su derrota. Versiones conferidas a este medio refieren que la dirigencia estatal del PRI operó para propiciar el fracaso del abogado de profesión. Comentan que, en particular, fue Ramiro Hernández el promotor de su caída, pues también aspiraba a obtener la candidatura, y al no verse favorecido, movilizó a la estructura base de la Confederación Nacional Campesina (CNC) para impedir que ganara la elección a gobernador.

Refieren que en los comicios del 2012, Zamora mostró inquietud por perfilarse una vez más como abanderado del PRI, pero Enrique Peña Nieto –entonces aspirante a la presidencia de la República– determinó que el candidato sería Aristóteles Sandoval. El abogado acató la disposición y no volvió a tocar el tema.

De acuerdo con las opiniones recabadas, existen al menos dos razones por las que Zamora ni siquiera levantó la mano para apuntarse: la primera es que las preferencias electorales a favor de Enrique Alfaro Ramírez son aplastantes y él no desea perder otra vez; la segunda es que no cuenta con el respaldo del Comité Estatal del PRI, el cual está secuestrado por el padre del gobernador y magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado (STJE), Leonel Sandoval Figueroa, quien formó una estructura paralela al partido, pues tenía la ilusión de lanzar a su hijo como aspirante a la presidencia de la República.

Él y el dirigente estatal del PRI, Héctor Pizano Ramos, integraron una “camarilla” que sólo está en la política para dilapidar los recursos públicos en beneficio propio, aseguran.

Otras versiones consultadas por este medio señalan que aun cuando Arturo Zamora lograra obtener el triunfo en la contienda electoral del 2018, llegaría a un Estado en quiebra financiera y controlado por el narcotráfico. Las estadísticas de violencia son escalofriantes: la Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 posiciona a Jalisco como el tercer estado más violento contra las mujeres; pero también ocupa el tercer lugar con más personas desaparecidas: dos mil 390, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas y Desaparecidas (RNPED), superado sólo por los estados de México y Tamaulipas.

2El senador del PRI, Arturo Zamora. Foto: Rafael del Río

Firme en su silencio

Lo que sí logró Zamora con su silencio fue divertirse un rato con los aspirantes locales que se destaparon anticipadamente –entre ellos el ex fiscal Eduardo Almaguer–, y desesperados por saber si él competiría, recurrieron a la filtración de rumores para obligarlo a fijar una postura. Sin embargo, el senador con licencia se mantuvo firme y no respondió a los “buscapiés” que le fueron lanzados.

El propio gobernador se subió al ring y buscó presionarlo para que se pronunciara. Fue en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, el 28 de noviembre, cuando a pregunta expresa valoró el talante de Zamora.

“Yo creo que Arturo Zamora es el que está mejor posicionado. Y Arturo Zamora, en primer lugar, debería ser el candidato si él quisiera. Ahora, eso lo debería decidir el PRI, no el gobernador, el gobernador es uno más”, declaró.

No fue un reconocimiento, sino una provocación que buscaba obligar a Zamora a fijar un posicionamiento.

“No tenía necesidad de hacerlo (de pronunciarse)”, comentan a Punto Rojo las personas consultadas, pues Zamora es un político de alto calibre que sabe lo que es el poder. Sólo quería dar una muestra del músculo que posee en la esfera nacional. El resto lo hizo por entretenimiento, pues aseguran que no busca los cargos públicos para enriquecerse, porque dinero ya tiene, y suficiente.

Tras haber perdido la elección en el 2006, recibió al año siguiente el nombramiento de director de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara, pero renunció a ese cargo en el 2009 para contender por la diputación federal que corresponde al cuarto distrito de Jalisco. Ganó la contienda y al terminar el periodo de la diputación, en el 2012, fue electo senador de la República.

La carrera de Zamora despuntó en la Ciudad de México, donde ha construido un capital político formidable. En los casi seis años que lleva en el Senado de la República, logró tejer una red de relaciones con los principales cuadros del PRI, como Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Francisco Rojas, Emilio Gamboa Patrón, Enrique Peña Nieto y el propio aspirante a la presidencia de la República, José Antonio Meade.

Arturo Zamora y Aristóteles Sandoval. Foto: Rafael del Río

Un “animal político”

“Es un animal político”, así describen a Zamora Jiménez las personas que fueron entrevistadas. Comentan que el jalisciense sentó bien en la cúpula priista y se ha convertido en el hombre de todas las confianzas de Emilio Gamboa Patrón, pues es un excelente interlocutor con los partidos de oposición, y fue por petición de él que aceptó volver a Jalisco para ocupar la secretaría general de gobierno.

Sin embargo a finales de mayo del 2014 decidió volver al Senado. La explicación oficial fue que Emilio Gamboa Patrón lo necesitaba para impulsar las leyes secundarias a las reformas en materia energética y de telecomunicaciones que se habían aprobado. La versión narrada a este medio es que su trabajo fue obstaculizado desde un principio por el grupo cercano al gobernador y al padre de éste, Leonel Sandoval Figueroa. Zamora se hartó de señalar al mandatario los manejos turbios en que estaban implicados algunos de sus personajes de más confianza.

Citan, por ejemplo, la red de “moches” que se destapó en el segundo semestre del 2016 cuando el diario Mural reveló que mandos medios de la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP) exigían entre el 10 y 30 por ciento a constructores y empresarios para ser parte de la asignación de obra pública. Según los entrevistados, el líder de la CNOP advirtió el tema y se lo informó al mandatario antes de que el escándalo estallara en los medios de comunicación.

El gobernador sólo respondía con un “vamos a checarlo”, y cuando reventó el asunto tomaron represalia contra los mandos medios, como María Luisa Martínez Almaraz, directora de Seguimiento, Evaluación y Desarrollo de la dependencia; Ary Josué Ruiz Alcaraz, coordinador de Control y Seguimiento; Elisa Julieta Parra, de la Dirección Jurídica; Josué Blancas Landázuri, de la Dirección de Logística y Desarrollo; Virginia Leonila Esquivel, del área de Informática, y Betzabé Aviña Rojas, de la Dirección de Programas y Presupuesto.

Las versiones consultados comentan que Zamora Jiménez detectó una serie de contratos irregulares a los que intentó poner freno, y eso molestó a la gente del gobernador, quien para entonces ya ni siquiera se tomaba la molestia de escuchar al senador.

Arturo Zamora Jiménez. Foto: Arturo Campos Cedillo

Exponen que ese fue uno de los motivos por los que Zamora prefirió dejar la secretaría general de gobierno y regresar a México, donde ha sido mejor recibido.

Otro factor fue su ruptura con el ex fiscal general de Jalisco, Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco, a quien impulsó para ocupar ese cargo, al grado de que tuvo que modificarse la Constitución de Jalisco para otorgarle poderes plenipotenciarios en materia de seguridad pública.

Los bonos del senador con licencia crecieron a tal grado, que lo hicieron miembro de la comisión que calificará las candidaturas a diputaciones federales y senadurías por los distintos estados de la República. Es por eso, dicen, que Francisco Ayón, el ex secretario de Educación Jalisco, se bajó de su aspiración original al Senado para evitar un roce con Zamora Jiménez.

“Todo los personajes cercanos a Jorge (el gobernador) han golpeado a Zamora, de una u otra forma”, comentan al reportero.

Precisan que Zamora Jiménez es un político “desterrado” de Jalisco, pues no tiene alianzas en el estado y ha sido menospreciado por el grupo que controla al PRI estatal. Es un político culto, conocedor de la historia y las reglas de su partido.

Destacan que una de las claves de su éxito en la cúpula del PRI —además de su oficio político— es que es un hombre entregado 100 por ciento al trabajo, y cuando se fue a México, tomó la determinación de no venir a Jalisco; a diferencia de sus correligionarios en el Congreso de la Unión, que cada fin de semana regresan a Guadalajara para divertirse y sumergirse en frivolidades.

Reportero. Estudió sociología. Aún cree que la función del periodismo es eminentemente social y no un simple intercambio de mensajes entre la clase política.