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El Che ha sobrevivido a todas sus muertes

Durante cuatro años el monero José Hernández halló un hueco en su apretada agenda cotidiana de caricaturizar la política nacional para ponerse a ratos serio y emprender una aventura gráfica: contar la vida y saga del revolucionario argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna, El Che (1928-1967).

Completó la misión justo a finales de 2017, cuando se conmemoró el 50 aniversario de la captura, asesinato, mutilación y entierro clandestino de El Che en 1967 por parte del ejército de Bolivia, asistido por la CIA. Publicó así el tercer libro de su serie en coautoría con el periodista Jon Lee Anderson, a partir de la biografía de éste: Che Guevara. Una vida revolucionaria (Anagrama, 1997).

En esos cuatro años el monero reafirmó los conceptos que a su juicio hacen del guerrillero referente ético necesario: “su dignidad, idealismo y congruencia”.

En entrevista, el colaborador de Punto Rojo sostiene que desde hace años la derecha busca quitar autoridad moral a El Che, pero subraya que el guerrillero “ha sobrevivido a todas sus muertes”.

Hernández apostó por distinguirse con una novela gráfica más que emprender una biografía ilustrada, con datos históricos “aburridos” como todas las obras que han abordado la vida del guerrillero. El primer cómic biográfico del revolucionario apareció en enero de 1968, apenas unos tres meses después del asesinato en Valleverde; se llamó Che, vida del Che Guevara, con dibujos de Alberto y Enrique Breccia, y guión de Héctor Oesterheld, que narra sus últimos días hasta su ejecución en Bolivia.

Che, una vida revolucionaria (Sexto Piso) arranca con Libro 1. El doctor Guevara (2016), el Libro 2. Cuba (el primero en aparecer, octubre de 2015) y se cierra con el Libro 3. El sacrificio necesario (2017).

Un idealista

–¿Cómo ha cambiado tu visión del Che a lo largo de estos tres libros y cuatro años de trabajo?

–Más que cambiar, se reafirmaron las cosas básicas que eran un referente del Che, básicamente su congruencia y su dignidad. Me encontré con una serie de anécdotas y detalles que te hablan de un personaje muy idealista, de una gran dignidad y, sobre todo, muy congruente. Por ejemplo, él era incapaz de aceptar un privilegio, por mínimo que fuera, por ser funcionario de gobierno; obligaba a su esposa a regresar regalos, no quería tener nada que se acercase a tener privilegios. Y dejar Cuba para seguir buscando la revolución te habla de que no se sentía a gusto como funcionario público, que no se sentía a gusto en el poder, no era lo que él quería. Esas cosas me reafirmaron mucho su imagen.

Hernández, muy activo en Twitter, durante los años de gestación de los tres libros de Che, una vida revolucionaria con frecuencia se enfrascaba en discusiones en la red social con quienes buscaban criticar su obra, aun sin haberla leído, para cuestionar si abordaba, por ejemplo, “los crímenes” del guerrillero. Él, con sarcasmo, les anticipaba que sí trataba el tema y los conminaba a comprar los libros.

Sus detractores asumían que la novela gráfica era un elogio y que iba a ocultar pasajes polémicos, como la secuencia en la que El Che mata a un traidor de Sierra Maestra, una secuencia fuerte. El objetivo del libro, dice Hernández, no era presentar al personaje histórico, sino a una persona capaz de hacer cosas como matar a sangre fría a un traidor y arriesgar su vida todo el tiempo, en el entendido de que estaba en una revolución, donde “se triunfa o se muere cuando es verdadera”, como asentó El Che.

“Desde hace unos años hay una intención de quitarle a El Che autoridad moral, de decir que es un terrorista, un asesino sanguinario. Y lo acusan de homófobo, misógino y racista. El origen de este intento viene de un sector de derecha muy reaccionario, al cual le molesta que haya una imagen que esté totalmente identificada con la izquierda y que sea símbolo de la rebeldía, y un símbolo muy congruente. Eso les molesta porque no saben qué hacer con él, no pueden acusarlo de tirano ni de quererse eternizar en el poder, como otros líderes de la izquierda, como el mismo Fidel Castro, Mao o Stalin; obviamente, a él no pueden acusarlo de esto. Entonces, bueno, se buscan una serie de cosas absurdas porque además juzgan a un personaje de hace 50 años con parámetros actuales, y es muy absurdo”, expone Hernández.

“Pero así como El Che ha sobrevivido a varias muertes, lo mataron y lo enterraron clandestinamente para no hacerlo mártir, pero lo único que lograron con ello fue hacerlo un ícono mundial; sobrevivió a eso y literalmente reapareció su cadáver. Después, en los años 70, quisieron vaciarlo de contenido y volverlo ídolo pop, y también sobrevivió a eso. Ahora tengo la impresión de que tratan de vaciarlo de un contenido ético, de una autoridad moral, pero estoy seguro que va a volver a sobrevivir”, afirma el también colaborador de diarios como La Jornada y revistas como Proceso y la satírica El Chamuco.

Amplia investigación

Hernández también subraya que los críticos de El Che descontextualizan sus frases para descalificarlo, como la carta que escribió a su esposa e hijos poco antes de ser asesinado, que contiene un discurso bélico fuerte, pero al mismo tiempo muestra a un hombre con una capacidad de amar muy grande.

El monero aplicó las técnicas de cine que aprendió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), para  convertir su segunda novela gráfica (la primera en colaboración con Fabrizio Mejía Madrid fue sobre los terremotos de 1985) en una “adaptación visual”. 

Consultó biografías como las de Jorge G. Castañeda y Paco Ignacio Taibo II, libros escritos por las esposas de El Che, como uno de Aleida March, donde halló información sobre la aventura internacionalista del guerrillero argentino-cubano en África. En ese volumen incluso se topó con fotos que sorprendieron al mismo Jon Lee Anderson porque muestran al Che juguetón con March en Tanzania, a pesar de que la creencia general era que estaba deprimido por su fracaso en el Congo. La preocupación de Hernández era hacer su novela gráfica lo más verosímil posible, que atrape al lector. 

También halló vía Internet un libro de los años 60 descatalogado en España, escrito por la primera esposa de El Che, la peruana Hilda Gadea, a quien conoció en Guatemala y luego reencontró en México.

“Ahí venía muchísima información, fotos. Quería contar cuando se conocen en Guatemala, y en el libro de Jon no dice cómo se conocen, no dice en qué lugar, cómo fue exactamente. ¿Cómo cuentas eso si no tienes información? Y la encontré en el libro de Hilda. Además, Fabrizio Mejía Madrid acababa de escribir Un hombre de confianza, sobre Fernando Gutiérrez Barrios (ex secretario de Gobernación), entonces tenía bastantes datos sobre él, en la época en que detuvo a Fidel Castro”, explica sobre el volumen donde aborda el paso de los revolucionarios cubanos por México, donde ambos se conocen.

–El año pasado se conmemoraron los 50 años de la muerte del Che. ¿Qué te pareció cómo el mundo ve al Che actualmente?

–Me decepcionó. Pensé que habría más conmemoración; siento que no la hubo, salvo en Cuba o Bolivia con Evo Morales. Pero no es importante la fecha en sí, sino el que El Che es un personaje vigente. En un mundo en el que todos los valores que encarnaba El Che, como la solidaridad y la colectividad, están trastocados; es decir, los valores que son moneda de uso son contrarios a los que encarnaba y promovía El Che.

“En la carta que escribe a sus hijos, en la que les dice que la revolución es muy importante y que cada uno de nosotros solo no vale nada, él entiende que lo importante es la colectividad. Hoy lo más importante es el individualismo; el modelo neoliberal es ése: hay que crear riqueza arriba para luego bajarla a los pobres. Pues no, obvio no.

El Che, en cambio, promueve la solidaridad, la colectividad, crear movimiento desde abajo. Y pareciera que en un contexto en el que lo primordial es la inmovilidad, el individualismo, un personaje como El Che no tiene cabida; pero es todo lo contrario: precisamente un personaje como El Che es más necesario aquí, es un referente ético que es necesario revisar”.