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El juego de la riqueza

El objetivo del juego Monopoly es simple: acumular riqueza a través de la compra, alquiler o venta de propiedades. Gana el único jugador que se ha enriquecido, luego de dejar a todos en la bancarrota. Con la misma lógica funciona la economía capitalista, que en buena medida es responsable de la profunda desigualdad que padece México.

Visto nuestro país como un gran tablero de Monopoly, los “ganadores” son un reducido grupo de acaudalados, frente a los más de 53 millones de pobres –casi la mitad de la población total nacional– que reportó en agosto pasado el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en su informe Evolución de la Pobreza 2014-2016.

Las fuerzas del mercado llevan al monopolio, a la concentración. Dejar hacer y dejar pasar, lleva al monopolio, e irremediablemente queda un solo ganador”, advierte Enrique Hernández Laos, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La concentración de la riqueza es tal que los más ricos conforman apenas el 1 por ciento de la población y acumulan una riqueza similar a la de 95 por ciento de todos los mexicanos.

La concentración de la riqueza en México es tal, que los más ricos conforman apenas el 1% de la población y acumulan una riqueza similar a la de 95% de todos los mexicanos. Foto: Misael Valtierra / Cuartoscuro

Lo anterior, de acuerdo con el estudio La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros en México, realizado por el investigador Miguel Ángel del Castillo Negrete, del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Eso es lo que se conoce como la “paradoja mexicana”. A la misma velocidad con la que México genera una pobreza aplastante, ofrece las condiciones para producir grandes fortunas, encabezadas por la de Carlos Slim (54 mil 500 millones de dólares), quien además es el sexto hombre más rico del mundo, según la lista publicada por Forbes en 2017.

Pero el asunto no es tan sencillo como trasladar riquezas de un lado a otro. Detrás de esta desigualdad existen tres factores clave: nulo crecimiento económico, inflación y una muy baja productividad, que han propiciado que casi media población del país no pueda satisfacer necesidades elementales: alimentación, salud, vestido y educación, como lo establece la línea de bienestar del Coneval.

El problema es aún mayor si las familias están en lo que llaman pobreza extrema. Si éstas destinaran todos sus ingresos sólo a comprar comida, no les alcanzarían para adquirir los productos de la canasta alimentaria. Con esa hambruna lidian a diario 9.3 millones de personas.

Detrás de esta desigualdad existen tres factores clave: nulo crecimiento económico, inflación y una muy baja productividad.

Malabares con 95 pesos al día

La más reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares señala que en México, 50 por ciento de la población vive en promedio con menos de 95 pesos al día, insuficientes para ejercer los derechos humanos, económicos y sociales que otorga nuestra Constitución.

En México, 50 por ciento de la población vive en promedio con menos de 95 pesos al día, insuficientes para ejercer los derechos humanos, económicos y sociales que otorga nuestra Constitución. Foto: Rafael del Río

“Se están creando dos Méxicos diferentes: uno en donde hay dinero e inversiones, donde hay tecnología de primera y empresas con una productividad enorme, pero que no emplean a mucha gente; hay también un sector muy amplio con empleos regulares. Y otro, muy diferente, en donde existe una mayoría con empleos informales”, señala Hernández Laos, quien da una cifra esclarecedora: “En México, 52 por ciento de la población está en la parte informal y el porcentaje es muy similar al de la gente que está en condiciones de pobreza”.

Explica que estamos inmersos en una economía poco productiva, como la exportadora, en donde lo que cuenta son los bajos costos. ¿Cómo se logran? Congelando los salarios, los ingresos.

“De toda América Latina, en términos de dólares, México tiene el salario más bajo. Tenemos una mano de obra muy barata, muy mal remunerada. Hay una pobreza enorme, la gente vive al día, en condiciones críticas, sin poder ahorrar. Por un lado, se generan unos cuantos que amasan dinero, los que estudiaron mucho, y por otra parte, una masa de pobreza enorme, que alcanza casi al 50 por ciento de la población económicamente activa”.

Norte y sur, diferentes

Cada estado de la República tiene sus propios niveles de pobreza. Mientras en algunos disminuye, en otros se mantiene, y en algunos más aumenta dramáticamente. Un caso es el Estado de México, la entidad más poblada del país y la que más pobres tiene: más de 8.2 millones.

De acuerdo con el Coneval, le siguen Veracruz (cinco millones de pobres), Chiapas (4.1 millones), Puebla (3.7 millones) y Oaxaca (2.8 millones).

En el lado opuesto se encuentran Baja California Sur, el estado con menos pobres del país (175 mil 642 personas), Colima (248 mil 691), Aguascalientes (369 mil 652), Campeche (405 mil 35) y Nayarit (470 mil 130).

Resulta interesante el caso de los “estados empobrecidos”, aquellos en los que la proporción de pobres con respecto a su población total es demasiado alta. Aquí se encuentran cuatro estados del sureste: Chiapas, en donde 77 por ciento de su población es pobre, Oaxaca (70.4 por ciento), Guerrero (64.4) y Veracruz (62.2).

En las áreas urbanas hay menos pobreza extrema, mientras que en las rurales, y sobre todo en las áreas indígenas, es abrumadora. “Los que están realmente en el fondo del fondo son las poblaciones indígenas. Eso sí es una tristeza, porque no tienen acceso a nada”.

–¿A qué se debe esta discrepancia entre el norte y el sur?

–Al tipo de actividad económica que tienen. Un abogado o un técnico, por ejemplo, tienen la capacidad de producir algo importante. En Puebla hay una fábrica como Volkswagen que produce muchos autos al día. Sus trabajadores no tienen problemas porque los sueldos están relacionados con la productividad.

Chiapas, Oaxaca y Guerrero pertenecen a los “estados empobrecidos”, es decir, aquellos en los que la proporción de pobres con respecto a su población total es demasiado alta. Foto: Jacob García / Cuartoscuro

“Sin embargo, en el sureste la mayoría se dedica a la agricultura, sólo que no se trata de una agricultura comercial, sino una de subsistencia. Producen maíz y frijol para su consumo, es decir, tienen muy mala productividad. No tienen las inversiones ni la maquinaria suficiente para obtener buenas cosechas.

“El promedio nacional de la producción de maíz en México es de 2.5 toneladas por hectárea. Estados Unidos produce 12. Mientras que en el sureste se cosecha menos de una. No están capitalizados, no generan valor ni producto suficiente para que, con esos ingresos, vivan mejor. En el fondo el problema es que no tienen la capacidad educativa suficiente. Ese es el verdadero atraso”.

–¿Fracasó el modelo neoliberal que comenzó a adoptar el país en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari? En los últimos 30 años este modelo ha provocado una desigualdad gigantesca.

Hernández Laos es muy cuidadoso al responder: por un lado, afirma, él no simpatiza con el neoliberalismo; sin embargo, evita los juicios. “Independientemente de que no me guste el neoliberalismo, esto es lo que está pasando. Hay un estancamiento económico en México, sí, pero también se trata de un fenómeno mundial”.

–En términos científicos ¿fracasó el neoliberalismo?

Si volteamos hacia el norte obtenemos una respuesta. Si volteamos hacia el sur tenemos otra. Hace 15 años había una pobreza seria en Perú; en Ecuador, tremendo; en Honduras, paupérrimo. Si nos comparamos con esos países, en términos gráficos somos Estados Unidos y ellos son México.

“En Estados Unidos, por ejemplo, durante 30 años no aumentaron el salario real promedio; 30 años estancado. Han cambiado las circunstancias mundiales”.

Votos de pobreza

Respecto a los programas sociales con los que el gobierno transfiere dinero para ayudar al campo, Hernández Laos considera que sirven en el corto plazo, aunque no resuelven el problema. “Es un paliativo para que la pobreza no aumente, pero se reproduce año con año, como una banda sin fin”.

Y detalla: “El gasto en transferencias para el control de la pobreza es de menos del 1 por ciento del Producto Interno Bruto, es una cosa minúscula, muy poquito. Lo que se debería hacer es poner escuelas, caminos, un ímpetu que impulsara estas zonas a industrializarse un poco”.

Los programas sociales con los que el gobierno transfiere dinero para ayudar al campo sirven a corto plazo pero no resuelven el problema de la pobreza. Lo que se debería hacer es poner escuelas, caminos, un ímpetu que impulsara estas zonas a industrializarse un poco, señala Enrique Hernández Laos.  Foto: Diego Simón Sánchez / Cuartoscuro

–Parece que no se quiere terminar con la pobreza.

–Buena parte de lo que se usa de transferencias para el combate a la pobreza lo condicionan al voto cuando hay elecciones. La corrupción es uno de los factores que ha impedido que este país crezca económicamente.

–¿Cómo entonces puede combatirse la pobreza y la desigualdad?

–Con el sistema impositivo, que grave el exceso de ingreso de los más ricos y haga transferencias bien documentadas, transparentes, hacia los hogares más pobres. Desde hace 40 años se aplica en países como Finlandia y Noruega. Es el sistema tributario aplicado en una forma muy estable y transparente.

“Cada por ciento adicional les gravan un impuesto adicional, así que los que ganan más, pagan más. Hay un punto que es 100 por ciento expropiatorio, no tienen incentivo para ganar más. Es un sistema más igualitario”, dice.

–De los últimos cinco presidentes mexicanos, ¿cuál fue el más eficiente en economía?

–A ver, dígame, ¿qué es mejor: un pastel de lodo o un pastel de excremento de vaca?

Reportero. Desde hace 14 años colabora en medios impresos y electrónicos en la Ciudad de México, en los que ha realizado coberturas de asuntos políticos, sociales y culturales.