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La Feria Internacional del Libro a la baja

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a Feria Internacional del Libro de Guadalajara, considerada la segunda exposición librera más importante del mundo, sólo ubicada por debajo de la de Frankfurt, Alemania, ha sido uno de los eventos más importantes de la ciudad. No sólo por ser la actividad cultural más esperada en la región centro-occidente, sino también por albergar a un amplio número de estudiantes, académicos, profesionistas y editoriales, y por ser el espacio de debate sobre el devenir de la política nacional, regional e internacional.

En su edición 31, la FIL superó los 814 mil 800 asistentes, lo que se considera  un récord de asistencia con relación con los años anteriores.

“En toda su historia, la FIL no sólo ha traído a estas tierras lo mejor de la literatura contemporánea y las ideas y reflexiones de muchas de las grandes mentes de nuestra época, sino que hemos hecho vínculos entrañables con diversos países y regiones lingüísticas. En un mundo donde algunos quieren imponer muros, la FIL crea puentes con base en la cultura, el diálogo y la reflexión”, declaró Raúl Padilla López, presidente de la feria.

Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Foto: Rafael Del Río

Lo grandote y lo grandioso

La FIL, sin embargo, no ha estado exenta de críticas y cuestionamientos. El escritor mexicano Juan Villoro considera que esta fiesta literaria “es un fenómeno de la industria, no de la cultura. Por supuesto que puede tener derivados culturales, como el originado en un encuentro casual de dos personas que se ponen a discutir sobre un título, pero en general la Feria del Libro está aquejada de gigantismo. Es una máquina de vomitar actividades y confunde la estadística con el éxito”, señaló Villoro al Diario de Coahuila.

El escritor mexicano abundó en ese mismo sentido: “El gran peligro de la FIL es que confía demasiado en la estadística y confunde el éxito con la cantidad de actividades, cantidad de visitantes, cantidad de espectáculos, lo cual no es necesariamente positivo. Si tú hablas ante 200 personas eso puede ser muy productivo, si hablas ante tres mil personas eso ya es un mitin donde las ideas no se pueden discutir de la misma manera. La feria tiene que ver más con la industria que con la cultura, pero no necesitamos la industria para que exista la cultura. Hay que ponerla en su justa dimensión”, expresó Villoro en 2015 al diario Milenio Jalisco.

La feria también ha sido un escenario ideal para la protesta por la reducción del presupuesto a la cultura en los últimos. Por ello, en su discurso de apertura Raúl Padilla López lamentó la reducción presupuestal en materia de educación y cultura.

“Es triste constatar que en 2012 el porcentaje del presupuesto para cultura era del 0.53 por ciento y, para el año 2018, sólo será del 0.32 por ciento. Además, en los estados la disminución ha sido mayor, llegando hasta el 74 por ciento”, dijo el presidente de la feria.

El reclamo no es menor. Raúl Padilla López se mueve como pez en el agua cuando se trata de cultura. Como presidente del consejo del Corporativo de Empresas Universitarias, tiene bajo su control el corazón de la cultura en Guadalajara, y se ha aliado a los gobiernos municipales y estatal para poder llevar a cabo sus eventos, pues las autoridades locales año con año dedican una parte de su presupuesto a donaciones que van directamente a actividades como la FIL y el Festival de Cine de Guadalajara.

Es tal el peso político de Padilla López, que incluso a finales de 2016 circuló la versión de su posible candidatura o inclusión en una terna para ocupar la Secretaría de Cultura nacional, luego de la muerte de Rafael Tovar y de Teresa, lo cual no se concretó.

Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Foto: Rafael Del Río

Apoyos, a la baja

No todo es miel sobre hojuelas para la FIL Guadalajara, pues en términos de apoyos presupuestarios ha ido a la baja. Las  cifras oficiales que difunde la feria señalan que ha habido una disminución en sus patrocinadores y auspiciantes en el último año, pues de 67 en 2016, este año hubo solamente 63.

Pese a las cuentas alegres de los organizadores, cada año la brecha entre el presupuesto que se gasta y los millones que generan se va haciendo más corta. Una revisión a los presupuestos que oficialmente hace la Universidad de Guadalajara permite deducir que las utilidades han caído, al menos en los últimos cuatro años.

En el registro del Presupuesto de Ingresos y Egresos 2017 de la UdeG, se señala que se invirtieron 97 millones 913 mil 336 pesos, de los cuales se obtuvieron ingresos por 102 millones 145 mil 253. Es decir, que las utilidades de la edición 2016 fueron de apenas cuatro millones 231 mil 917 pesos.

De acuerdo con la revisión de las cuatro ediciones anteriores, no hay una visión optimista, pues las utilidades de la FIL pasaron de siete millones 559 mil 831 en la edición de 2013 –según el presupuesto 2014 de la UdeG–, a los 4.2 millones de pesos en la edición de 2016. Cabe señalar que los registros de este año aún no se han documentado.

Esto permite afirmar que las utilidades van a la baja, pues en las ediciones de 2013 a 2016 se redujeron en tres millones 327 mil 914 pesos, según los registros de la casa de estudios. De manera que la reducción de patrocinios y la disminución del presupuesto oficial, aunado a que las utilidades de las empresas universitarias van al pago del Auditorio Telmex, tiene sentido la exigencia de  mayor presupuesto por la presidencia de la FIL.

Periodista en Reporte Indigo y Punto Rojo. Columnista en Clarimonda. Sociología, anarquismo y marxismo