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Laëtitia, la historia de un feminicidio en Francia

Un feminicidio, no en México, donde tristemente estamos habituados tras acumular más de 22 mil 500 casos en una década, sino en Francia. Ivan Jablonka (1973), profesor de Historia en la Universidad París XIII y coeditor de Seuil, decidió investigar el secuestro y asesinato en 2011 de la joven de 18 años Laëtitia Perrais, que sacudió a la sociedad francesa al grado de que el mandatario Nicolas Sarkozy lo convirtió, a diferencia de lo que pasa en nuestro país, en asunto de Estado, en preocupación presidencial.

En 2017 Jablonka publicó Laëtitia ou la fin des hommes (Laëtitia o el fin de los hombres, Anagrama), cinco años después de conversar con la familia y amigos de la víctima, incluyendo su hermana melliza y los responsables de la investigación, en la que Sarkozy reclamó la incompetencia judicial contra el responsable del crimen, lo que desató una huelga de 8 mil jueces contra el entonces presidente. El libro ha sido comparado en Francia con In cold blood (A sangre fría), de Truman Capote, y le redituó al autor los más prestigiosos premios de su país: el Le Monde, el Médicis y el Prix des Prix.

Fiel a su formación profesional, Jablonka estudió los hechos del caso como un objeto de la Historia, y la vida de la joven como un hecho social. Su libro resulta un acontecimiento en un país como México, donde los miles de feminicidios no sólo son ignorados por las autoridades y la sociedad en su conjunto, sino que también son relegados en los medios de comunicación y las editoriales, que podrían difundirlos a través de reportajes o libros y así presionar a las autoridades a aplicar políticas de género en busca de detener estos crímenes; el mercado prefiere aventuras del narcotráfico porque son más populares y redituables a periodistas que escriben novelas o crónicas o guiones para series de capos.

En un país como México, los miles de feminicidios no sólo son ignorados por las autoridades y la sociedad en su conjunto, sino que también son relegados en los medios de comunicación. Foto: Jacob García/Cuartoscuro.

Jablonka decidió “no honrar a Laëtitia en cuanto a víctima”, sino “rehabilitarla en su existencia” y dar testimonio por ella. A diferencia de las historias típicas con feminicidas, el historiador francés rechaza que la joven secuestrada y asesinada sea “eclipsada” por la fama que le dio al hombre que la asesinó, como ocurre con todos estos verdugos: Barba Azul o Jack El Destripador, ¿quién recuerda los nombres, las vidas o las anécdotas de las mujeres que murieron en sus manos? Por eso, el escritor advierte que, en su libro, el lector sólo encontrará a una heroína: Laëtitia Perrais, cuya existencia, reitera, es un hecho social que encarna dos fenómenos: la vulnerabilidad de los niños y la violencia de género.

La joven atestiguó el abuso sexual cometido por su padre en contra de su madre; después, su “padre” de hogar de acogida violó de niña a su hermana melliza Jessica, una de las principales fuentes testimoniales para Jablonka y la primera en percatarse de que Laëtitia había desaparecido apenas a unos 50 metros de su casa.

El cuerpo de Laëtitia, mesera de oficio, fue encontrado semanas después. El despliegue policial, judicial y mediático al caso, aunado a la medración política que de él hizo Nicolas Sarkozy (que también utilizó políticamente la búsqueda de la liberación de Florence Cassez, sentenciada en México por secuestro), fue inédito en la Francia del Marqués de Sade. Pero todo giró en torno al asesino, un ex presidiario, adicto a drogas, que no conforme con violar a la joven, la descuartizó y ocultó su muerte.

El libro, escrito con la frialdad de un historiador, es al mismo tiempo un recordatorio sensible en cada página de lo que Jablonka subraya desde el inicio: vivimos en un mundo donde se insulta, se acosa, se golpea, se viola y se mata a las mujeres; un mundo con familias desestructuradas y desigualdades sociales; un mundo donde las personas no importan hasta que son víctimas, y eso sólo para el estrellato mediático de sus asesinos.

Con su libro, Jablonka cumple su propósito de que el interés del lector en Laëtitia, interés que nadie le tuvo en vida, “la devuelva a sí misma, a su dignidad y a su libertad”.

Jablonka decidió “no honrar a Laëtitia en cuanto a víctima”, sino “rehabilitarla en su existencia” y dar testimonio por ella. Ilustración: René Rivera.