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Las elecciones más caras de la historia

Se trata de la “ democracia del dinero”. En estas campañas electorales que iniciaron el pasado 30 de marzo –para elegir nuevo presidente de México, entre más de 3 mil cargos de elección popular a escala nacional–, un elemento ha sido decisivo: las cantidades millonarias que los partidos utilizan para posicionar a sus candidatos.

 De hecho, la de 2018 será la elección más cara de la historia de México, con un presupuesto aprobado por el Instituto Nacional Electoral (INE) de 6 mil 788.9 millones de pesos para las campañas de los nueve partidos políticos y candidatos independientes que participan en este proceso.

Ante la controversia en la opinión pública por la aprobación de este monto exorbitante, Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, explicó que “el financiamiento público que propone el INE genera y es la base para propiciar condiciones de equidad, autonomía de la política frente a los intereses privados o eventualmente ilegales”.

El presupuesto total de la elección es de 28 mil 108.5 millones de pesos. De este monto, 17 mil 426.4 millones de pesos fueron destinados al INE; 3 mil 893.2 millones de pesos al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y más de 6 mil millones de pesos a los partidos políticos.

Pero ¿cómo se distribuyeron el dinero los partidos políticos? De acuerdo con la legislación vigente, 30% fue repartido entre los partidos de forma igualitaria y el resto se distribuyó acorde al porcentaje de votos que obtuvieron en la pasada elección de diputados.

Así, el PRI recibió mil 689 millones de pesos, mientras que el PAN, mil 281 millones. El PRD obtuvo 773 millones; Morena, 650 millones; el Partido Verde Ecologista, 578 millones; Movimiento Ciudadano, 537 millones; Nueva Alianza, 419 millones; Encuentro Social, 398 millones, y el PT, 376 millones. Las candidaturas independientes que compiten en los tres cargos de elección federal recibieron 42 millones de pesos.

La de 2018 será la elección más cara de la historia de México, con un presupuesto aprobado por el Instituto Nacional Electoral (INE) de 6 mil 788.9 millones de pesos. Foto: Isaac Esquivel/Cuartoscuro.

Carretadas de recursos

“Es una democracia en la que si no tienes dinero, no tienes posibilidad de competir, así de simple”, señala en entrevista con Punto Rojo el investigador Pablo Armando González Ulloa Aguirre. Coincide con su colega y coautor Jorge Federico Márquez Muñoz: “Sin dinero no habría democracia tal y como la conocemos; ésta fue posible gracias a que se empezó a repartir el dinero entre los partidos políticos”.

Ambos académicos de la UNAM y doctores en ciencia política han analizado esta situación en su libro Los retos de la gobernabilidad en México (UNAM, Gedisa, 2016). La investigación surgió a partir de que observaron que entre 1997 y 2015 el sistema político mexicano vivió “una época interesantísima” debido a que en ese periodo fue posible la gobernabilidad. Pero, ¿cuáles fueron los pilares que permitieron este escenario?

Con esas interrogantes, ambos autores indagaron en la escasa bibliografía sobre ese periodo. Después de estudiar textos que elogiaban la transición democrática, la alternancia y cierta normalidad al menos en lo electoral, llegaron a una conclusión contraria: que en realidad se trató de una democracia que tuvo por impulso carretadas de dinero, las cuales, incluso, fueron capaces de traer consigo cierta estabilidad al sistema.

Jorge Márquez Muñoz detalla: “Hay muchas versiones románticas sobre la génesis del sistema democrático: que si fue en 1968, que si fue en 1971, que si fueron los estudiantes o Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 tras la caída del sistema. Nosotros encontramos que no, que realmente el sistema de partidos se vuelve competitivo y real –es decir, que la oposición tuviera realmente posibilidad de ganar– cuando empiezan a repartir dinero y posiciones políticas, que a su vez manejan mucho dinero”.

El profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales explica que las grandes cantidades de dinero que se necesitan para lograr una campaña competitiva fueron posibles tras la reforma electoral de 1996. 

“Si no tienes dinero, no tienes posibilidad de competir, así de simple”, señala en entrevista con Punto Rojo el investigador Pablo Armando González Ulloa Aguirre. Foto: Isaac Esquivel/Cuartoscuro.

Democracia catastrófica

Sólo en campañas, los partidos gastarán, oficialmente, un total de 2 mil 148 millones 166 mil pesos, 27 por ciento más que en las elecciones de 2012. No obstante, habría que recordar, como precisa Jorge Márquez Muñoz, que el sistema se construyó con dinero de las gubernaturas, de la hacienda pública y con el “dinero misterioso” de los empresarios del sector informal.  Dinero de origen desconocido al que recurren los partidos políticos para financiar sus campañas, tal y como lo ha acreditado el INE en sus informes de fiscalización. 

“Quizá tener este sistema nos da cierta salud democrática, de acuerdo a los grandes autores de la democracia formal del siglo XX, pero en términos de finanzas públicas, de desigualdad y endeudamiento, este sistema democrático ha sido una verdadera catástrofe.

“Nos estamos gastando el dinero en elecciones carísimas. Todos los partidos y gobernadores se sienten muy presionados por ganar estas elecciones; si no lo hacen, corren el riesgo de que los metan a la cárcel y eso mete más presión y más dinero. Además, se fueron entregando una serie de posiciones, gubernaturas y presidencias municipales de gran importancia, tal y como ocurrió con el PAN, que le permitieron organizar la campaña de Vicente Fox”, señala.

No basta una casota

Jorge Márquez Muñoz y  Pablo González Ulloa Aguirre destacan el profundo endeudamiento de los gobiernos estatales, que “no tiene precedentes”.

“Han creado todo un sistema de simulación de auditorías y de transparencia. Los supuestos órganos autónomos que verifican la utilización del presupuesto, en realidad son llevados por ex funcionarios de la propia hacienda pública estatal o por gente cercana al gobierno del estado. Se crea todo un sistema de simulación y los niveles de endeudamiento ya llegan a ser alarmantes en muchos estados”.

–¿A dónde va todo el dinero?

-–Nosotros tenemos dos hipótesis centrales en esto. Una es que se usa para las campañas electorales y otra es que la nueva clase política tiene una gran ansiedad por el estatus.

“El amarre fuerte que le falta a López Obrador para lograr la gobernabilidad completa, que le ha fallado ya en un par de ocasiones, es la gobernabilidad con los banqueros, el sector financiero y las grandes empresas.” Foto: Misael Valtierra/Cuartoscuro.

Para la nueva clase política ya no es suficiente con tener una casa grandotota en El Pedregal, Las Lomas o en La Colina del Perro; ahora quieren casas en Miami, Nueva York o París, y para llegar a esos niveles de competencia –porque están compitiendo con una élite global– ya no hace falta robarse 100 o 200 millones de pesos, necesitan miles de millones de pesos. Es una ansiedad por el estatus impresionante”.

Respecto a la gobernabilidad del país, Pablo González Ulloa Aguirre destaca un segundo factor: el de la sociedad civil. Explica que lo que ahora existe son grupos organizados, ligados a los partidos políticos, que ponen en riesgo la gobernabilidad del país.        

“Muchas veces se apela por la idea de una sociedad civil espontánea, participativa, que de pronto quiere enfrentar a los grupos de poder cuando hay una reforma o una iniciativa que afecta supuestamente al bien común.

“Pero lo que hay más bien son grupos perfectamente organizados, no espontáneos, ligados a los partidos políticos, que crean desequilibrios –o equilibrios, dependiendo desde qué punto se vea– en cuanto al ejercicio de los gobiernos. Son realmente los que pueden poner en peligro la gobernabilidad”, advierte y dice que habrá que preguntarse qué tipo de sociedad civil estamos creando.

De acuerdo al diagnóstico que hace Jorge Márquez Muñoz, Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México. “No veo ninguna posibilidad de que el escenario vaya a revertirse”, dice, y afirma que entre algunos miembros de la clase política ya se habla de un pacto de civilidad entre el PRI y morena para que, efectivamente, llegue por primera vez la izquierda al poder. “El asunto es en qué condiciones y cómo se va a entregar”.  

Considera que “el amarre fuerte que le falta a López Obrador para lograr la gobernabilidad completa, que le ha fallado ya en un par de ocasiones, es la gobernabilidad con los banqueros, el sector financiero y las grandes empresas”.

Y finaliza: “No creo que en diciembre de 2018 estemos hablando de cómo contener a las masas en las calles. Yo creo que hablaremos de cómo contener a la banca y al sector financiero. Espero que no. Espero que lo resuelva antes el candidato López Obrador”.  

Reportero. Desde hace 14 años colabora en medios impresos y electrónicos en la Ciudad de México, en los que ha realizado coberturas de asuntos políticos, sociales y culturales.