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Meade, el candidato que se niega a revelar su conflicto de interés

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u voz todavía no encuentra la ecualización correcta para hacerse oír entre las multitudes que de pronto saben su nombre y hasta le dicen “amigo Pepe”. Ha pasado poco tiempo desde el “destape” de José Antonio Meade como aspirante del PRI a la Presidencia del país, y aún no ha tenido muchas oportunidades de practicar un tono que no suene tímido. El elegido del tricolor no salió de las huestes priistas y es nuevo en esto de la política de a pie.

Entre tantos aspirantes priistas de hueso colorado, el dedo presidencial viró para apuntarlo a él, que no es tricolor. Y aunque ese partido lo acaba de proponer como candidato a la Presidencia, no quiere inscribirse como militante. Algunos analistas afirman que de esa manera los votantes no asocian al candidato del PRI con las fallas del PRI. Una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica señala que 70 por ciento de los ciudadanos rechaza a ese partido. Esto, a ocho meses de la elección presidencial del 1 de julio de 2018.

 

Carrera voluble

 

José Antonio Meade Kuribreña nació el 27 de febrero de 1969 en la Ciudad de México. Del lado paterno tiene raíces irlandesas y priistas. Es hijo de Dionisio Meade y García de León, ex diputado del PRI. Por su mamá, Lucía Kuribreña, tiene ascendencia libanesa y panista, pues el tío abuelo, Daniel Kuribreña, fue uno de los fundadores del PAN.

Estudió Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), fundado por el empresario Raúl Baillères. En la Universidad Nacional Autónoma de México se graduó en Derecho. En la Universidad de Yale, en Estados Unidos, cursó un doctorado en Economía.

Fue en el ITAM donde se hizo amigo de Luis Videgaray, con quien ha “caminado más de 30 años”, y quien es uno de los más cercanos al presidente Enrique Peña Nieto y señalado como líder de los tecnócratas en el gabinete. Tanto, que Videgaray adelantó el “destape” unos días antes que lo hiciera el mismo presidente.

Meade fue cinco veces secretario de Estado. Con Enrique Peña Nieto: de Hacienda, Desarrollo Social y Relaciones Exteriores. Con Felipe Calderón, de Hacienda y Energía.

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto (derecha) abraza al saliente secretario de Hacienda José Antonio Meade durante una conferencia de prensa para anunciar cambios en el gabinete presidencial. Foto: Rebecca Blackwell/AP

Conflicto de interés

 

En su última declaración patrimonial, Meade aceptó revelar “parcialmente” sus ingresos, bienes e inversiones. Sin embargo, en ese documento de noviembre de 2017 dejó asentado: “No estoy de acuerdo en hacer público mi posible conflicto de interés”.

Una de las decisiones que más defendió como reciente secretario de Hacienda fue el gasolinazo. A principios de 2017 se liberó el precio del combustible, con lo que su precio se ha ido incrementando, y para 2018 se proyecta otra subida de entre 22 y 26 por ciento, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros. Era eso o recortar programas sociales, advertía entonces Meade.

Sin embargo, cuando dirigió esa secretaría en el sexenio de Calderón mantuvo el subsidio a las gasolinas. Ha explicado que en ese entonces los excedentes petroleros permitían absorber parte del costo.

Como titular de la Secretaría de Desarrollo Social apoyó el cambio en la fórmula para medir la pobreza, con lo que de pronto la población en miseria bajó 3.5 por ciento de 2014 a 2016. Y los ingresos de los más pobres se incrementaron un 33.6 por ciento.

El encargado de la política social tenía otro indicador que le aseguraba que la pobreza había disminuido: la lavadora. Según el funcionario, en el año 2000, en las tres entidades más marginadas, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, tenían ese electrodoméstico en dos de cada 10 viviendas. Para 2016 mejoró tanto la situación que ya gozaban de ella en cuatro de cada 10 hogares.

Al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, al inicio de la gestión peñista, Meade rechazó las conclusiones del relator de la ONU, Juan Méndez, quien señaló que la tortura en México es generalizada y no se castiga.

Además, lidió con los cuestionamientos internacionales por la ejecución de 22 personas en Tlatlaya, Estado de México –al menos 15 de ellos fueron ultimados por militares, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos–. También por la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Ambos hechos ocurrieron en 2014.

Meade, entonces canciller, instruyó a embajadores, cónsules y subsecretarios a hablar sobre los avances de las investigaciones y sobre las acciones que el gobierno llevaba a cabo.

Como secretario de Estado, Meade cumplió con la línea que le trazaron Peña y Calderón. No es un priista, pero ya habla de “la liturgia del partido”, pide a cetemistas que lo hagan suyo, sonríe al identificarse como simpatizante del tricolor y dice, con orgullo, que México le debe mucho al PRI.

La organización de sus eventos está a cargo de las estructuras priistas, desgastadas durante el siglo XXI, habituadas al “acarreo” de simpatizantes. Lo cual le debe dar un respiro, pues el aspirante no cuenta con bases de apoyo. Aún no puede decir que se llenan plazas “con gente de Meade”.

Periodista ambulante. Me interesa compartir las voces que tienen que ser escuchadas. La única contradicción que no hay en mí es ser huasteca y chilanga.

Comentarios

  • El meado solitario enero 12, 2018

    Dice que el pueblo de Mexico le debe mucho al PRI, le debe el gasolinazo, le debe el aumento a la canasta básica, le debe el aumento a los impuestos, le debe el aumento a a las universidades privadas porque las públicas están desapareciendo, les debe las quimioterapia a Javier Duarte en Veracruz y la extrema pobreza a Meade y Rosario Robles de la sedesol, así como a Peña sus benditas reformas gracias pri…

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