d

The Point Newsletter

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error.

Follow Point

Begin typing your search above and press return to search. Press Esc to cancel.

Menores migrantes, el andar en soledad

El 16 de junio de 2013, tres adolescentes de origen salvadoreño, entre ellas una embarazada, ingresaron por la fuerza a un rancho en el sur de Texas, Estados Unidos. Luego de causar destrozos y tomar lo que necesitaban para la sobrevivencia –después de permanecer varios días perdidas en el desierto–, dejaron una nota al propietario, según publicó el diario The New York Times el 4 de mayo de 2017:

“Disculpen por entrar a su rancho, pero fue por necesidad, porque teníamos cuatro días de estar perdidas. Perdón por destruir su puerta y por haber utilizado sus pertenencias”, decía ese mensaje, y remataba, “gracias y mil veces perdón”.

Migrar es un acto de supervivencia, no un acto criminal. Migrar es una acción complicada que no se decide de manera individual ni familiar; al contrario, se lleva a cabo por la obligatoriedad de huir, por no tener el derecho a no migrar. No sólo los adultos migran, también miles de niñas y niños se ven arrastrados en la búsqueda de un lugar dónde vivir. Sea que migren en compañía de sus madres y padres, con algún familiar, con un amigo, o a la sombra del coyote, los menores se convierten en el eslabón más débil y vulnerable de la cadena migratoria.

Muchos son los rostros de la niñez; hartas las tonalidades que los delinean; infinitos los claroscuros que los atraviesan, pero insuficientes los ojos que los miran y los oídos que escuchan sus tenues voces. La ausencia de políticas públicas en favor de la niñez materializa el olvido en el que moran los infantes. El común denominador de los menores migrantes es el sempiterno contexto de violencia cotidiana experimentado desde el seno familiar hasta las calles y aceras, donde buscan construir un espacio para habitar y vencer la precaria situación que los envuelve en un débil presente con un futuro incierto.

Al tiempo que las niñas y niños se convierten en migrantes, experimentan una mayor violencia a la vivida en sus comunidades de origen, lo que de suyo no es algo menor. Sin duda, en el recorrido migratorio su vulnerabilidad se potencia, no sólo por la violencia en la ruta donde todo puede suceder: como no encontrar a sus familiares avecindados en Estados Unidos, la deportación luego de ser detenidos por la patrulla fronteriza, el secuestro, la explotación sexual, la tortura y hasta la muerte.

Migrantes centroamericanos continúan con su recorrido hacia el norte del país en la Bestia. Foto: Fernando Carranza García/Cuartoscuro.

La crisis migratoria presente entre 2013 y 2014, mostró el uso de los menores centroamericanos como estrategia de supervivencia para sus padres. La idea era mandar a los niños en compañía del coyote, quien se comprometía a internarlos en la Unión Americana para que, una vez detenidos, fuesen reclamados por algún familiar residente en aquel país, debido a que la legislación migratoria impedía que fueran deportados a sus naciones de origen.

Esa dinámica mostró una de las caras más violentas y de abandono que sufren los niños migrantes; muchos fueron dejados a su suerte frente a los servicios de seguridad migratorios estadounidenses, tanto por los coyotes como por sus parientes en Estados Unidos.

Si bien aquella crisis migratoria ha disminuido, hoy por hoy los menores continúan migrando, sea para buscar la reunificación familiar, para continuar sus estudios o para encontrar trabajo y enviar dinero a sus familiares.

Mientras la sociedad civil y política no hagamos lo necesario para construir las condiciones adecuadas de crecimiento económico y desarrollo humano, será harto complejo garantizar el derecho a no migrar no sólo de nuestra niñez, sino de la población en general.

Por otro lado, es urgente humanizar el proceso migratorio de México o Centroamérica hacia Estados Unidos, y, desde luego, el arribo y establecimiento en el vecino del norte. Con ello evitaremos que las personas migrantes permanezcan al margen de la sociedad, y que nuestra niñez continúe andando en soledad.