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Miguel Castro, una candidatura pactada

E

l frío que recorre la zona metropolitana de Guadalajara desde la segunda semana de diciembre no pudo ser más acorde con la presentación oficial de Miguel Castro Reynoso como aspirante del PRI a la gubernatura de Jalisco el miércoles 13. El que menos se esperaba, logró amarrar esa posición que bajo otras circunstancias habría sido motivo de pugnas internas.

Pero como el PRI es un partido irrestricto en sus formas, había que teatralizar la cargada –como se le conoce a ese ritual en que los priistas elijen a sus “candidatos de unidad”– para ungir al ex titular de la Secretaría de Integración y Desarrollo Social del Gobierno del Estado (Sedis). La escenificación no fue muy buena, ni el público tan copioso y atento.

Para que la obra tuviera mayor peso, se presentó el senador con licencia, y líder de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) Arturo Zamora Jiménez, a quien diversos analistas colocaban en el lugar de Castro Reynoso, por ser el priista jalisciense con más activos a nivel nacional.

En el acto final del evento, Miguel camina por un templete hacia donde se encuentran Zamora Jiménez, el dirigente estatal del PRI, Héctor Pizano Ramos, y el ex fiscal general Eduardo Almaguer. Se sitúa en medio de los dos primeros y les alza la mano, mientras los asistentes corean a todo pulmón “¡gobernador!”, “¡gobernador!”. Tan pronto terminó el protocolo, el líder del sector popular se retiró discretamente.

Las versiones oficiales señalan que el ex titular de la Sedis logró reunir a cerca de 2 mil personas en el patio trasero que ocupa la sede estatal de su partido, pero otros testimonios aseveran que no fueron más de 500 personas, entre ellas vecinos de colonias populares del municipio de Tlaquepaque, miembros de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) –que lidera Alfredo ‘El Güero’ Barba, padrino político de Castro Reynoso–, burócratas de distintas dependencias y viejos cuadros del PRI, como Eugenio Ruiz Orozco y el ex gobernador Guillermo Cosío Vidaurri.

Miguel Castro, candidato del PRI al Gobierno de Jalisco. Foto: Rafael Del Río

Puesta en escena

Al centro del patio se montó un templete en forma de L por el que Miguel se desplazó de una lado hacia otro, tratando de acaparar la atención de los asistentes. Pantalón oscuro, camisa blanca, chaleco rojo, cabello corto y peinado hacia un lado, el candidato se presentó con un discurso que, de acuerdo con personas cercanas a él, retrata muy bien sus debilidades: su falta de carácter.

“No nos faltan agallas ni pantalones para enfrentar y sacar adelante este proceso, siempre junto a la gente. Nos sobra corazón, nos sobra ímpetu, nos sobran ganas de trabajar. Vamos a trabajar con humildad pero con firmeza, con carácter, con determinación y con dedicación”, expresó el aspirante ante los suyos.

Puso énfasis en su origen humilde, al recordar que desde edad temprana salía a trabajar con su padre, un comerciante ambulante que compró la propiedad que se encontraba frente al sitio donde se instalaba a diario para vender mariscos.

Mientras Miguel hablaba y daba vueltas sobre el templete, Zamora y Pizano se observaban uno al otro, tocándose la barbilla y haciendo comentarios que nadie más escuchó. De vez en cuando cruzaban miradas con Eduardo Almaguer, el otro aspirante a la gubernatura, que terminó decantándose por la alcaldía de Guadalajara, pero no estuvieron atentos al discurso de Castro Reynoso.

Del precandidato priista se menciona que no es un político que haya destacado por tener excelentes resultados en la administración pública, y que tampoco es alguien de temperamento, pero su fuerte lealtad e institucionalidad hacia el partido, así como estar aparentemente lejano a los escándalos de corrupción, lo convirtieron en la opción más viable para contender por la gubernatura.

Lo primero que sobresale de su persona es el tono de su voz aterciopelada, como si arrastrara un poco las palabras. No ha faltado quien compare su dicción con la del gato Silvestre, el personaje de animación creado por Isadore “Friz” Freleng.

La biografía de Miguel Castro que circula en la web y redes sociales es la de un hombre cualquiera: contador público de profesión, empresario que trabajó junto a su padre en un puesto de mariscos en la vía pública, para después convertirlo en el próspero restaurante conocido como Mariscos Progreso.

Está casado con Patricia Jaime, con quien procreó a tres niñas. Nunca había participado en política hasta que se acercó a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), que lidera el sempiterno cacique de Tlaquepaque Alfredo ‘El Güero’ Barba. Con su apoyo logró ganar la alcaldía de ese municipio en dos ocasiones, la primera para regir el periodo 2004-2006, y la siguiente entre 2009 y 2011.

Al ex titular de la Secretaría de Desarrollo e Integración Social nadie lo conocía, y se daba por descontado que debido a su edad e inexperiencia política perdería la elección de forma abrumadora, pero no fue así.

Su primer periodo como presidente municipal habría pasado de manera inadvertida, de no haber sido por la venta de los predios del complejo deportivo Club Atlas Paradero que pertenecían al municipio, esto con la finalidad de saldar una deuda cercana a los 100 millones de pesos que generó con el Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco (IPEJAL), por no reportarle las aportaciones que se descontaban a los trabajadores para su fondo de retiro.

El entonces gobernador Francisco Ramírez Acuña reclamó el pago y el municipio pagó con los predios municipales, cuyo valor se estimaba muy por encima de la transacción acordada. “Ahora lo que no sabemos es si Paco (el ex gobernador) le pagó a Pensiones el adeudo”, comentan al reportero.

Su segundo periodo al frente del gobierno de Tlaquepaque tampoco estuvo exento de cuestionamientos. Se le reprochó en varias ocasiones su aparente intento de vender el Centro Cultural El Refugio y el tradicional mercado Juárez, para presuntamente ceder este último a una cadena de supermercados.

Castro sólo cumplía con las instrucciones del Güero Barba, comentan distintas versiones a este medio; pero su falta de carácter fue uno de los motivos del rompimiento con el líder sindical de la CROC. En ese segundo periodo de administración le impusieron como secretario general a Alfredo Barba Mariscal, el hijo mayor del cacique, con quien aseguran tuvo varios desencuentros.

Refieren que el ex titular de Sedis se quedó sin la protección de los Barba, y pese a ello ganó la diputación local por el distrito 14 de Guadalajara para integrar la legislatura 59, donde alcanzó la cúspide nuevamente como el coordinador del grupo parlamentario del PRI.

Su paso en esa posición fue fugaz –apenas le duró un año–, pues cayó de la gracia de sus correligionarios cuando filtró a un medio de comunicación los comprobantes de gastos del recurso que se entregaba a los diputados para sostener sus casas de enlace.

Uno de los afectados de esa publicación fue el ex diputado Joaquín Portilla Wolff, a quien se le exhibió por haber facturado con ese dinero tampones en una sucursal de Farmacias Guadalajara.

Portilla Wolff, precisan, es una persona afín al grupo de los Barba y el despropósito se interpretó como una revancha. Pero no fue el único que pidió su salida de la coordinación, sus compañeros exigieron lo mismo y fue separado.

A mitad de la legislatura, cuando parecía predestinado a pasar inadvertido, el gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz lo rescata para sustituir a Salvador Rizo en la Sedis, quien dejó el cargo en el 2015 para competir por la presidencia municipal de Zapopan, y es entonces que vuelve a los primeros planos.

Desde hace unas semanas, una imagen de Enrique Alfaro y Miguel Castro Reynoso comenzó a incendiar las redes sociales. Los dos están juntos, uno al lado del otro, sonrientes y con el pulgar hacia arriba.

Es la portada de la revista Política del extinto diario Ocho Columnas, publicada el 11 de mayo del 2003. ‘Sangre nueva’, es el titular, y el sumario señala: “Miguel Castro y Enrique Alfaro, la apuesta priista para Tlaquepaque y Tlajomulco.”

Si hubiera que reinterpretar ese enunciado, comentan al reportero las fuentes consultadas, el texto sería el siguiente: Miguel Castro, la apuesta del PRI para el triunfo de Alfaro.

El domingo 17 de diciembre, el alcalde Enrique Alfaro Ramírez pidió licencia al cabildo de Guadalajara para separarse de su cargo y dedicarse de tiempo completo a organizar su campaña. Enrique Ibarra Pedroza fue nombrado como alcalde sustituto.

Hasta el cierre de la presente edición, Punto Rojo se mantuvo a la espera de la confirmación de una entrevista solicitada a los responsables de prensa del equipo del precandidato a la gubernatura por Movimiento Ciudadano, lo cual no ocurrió.

Reportero. Estudió sociología. Aún cree que la función del periodismo es eminentemente social y no un simple intercambio de mensajes entre la clase política.

Comentarios

  • Martín Gómez diciembre 29, 2017

    buen artículo, bien documentado para enfocar al personaje -Miguel Castro- y su circunstancia

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