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Miguel Hernández convirtió la poesía en ética

El doctor Jesucristo Riquelme estudia desde hace cuatro décadas la obra de Miguel Hernández (1910-1942), porque, a su juicio, el alicantino logró erigir la palabra poética en palabra ética. Sus obras, dice el investigador, sin duda son las de mayor repercusión popular en la historia social del mundo hispánico.

Recuerda Riquelme que Miguel Hernández, quien este 28 de marzo cumple 76 años de muerto, fue celebrado en vida por tres poetas que posteriormente recibieron el Nobel de Literatura: Juan Ramón Jiménez (1956), Pablo Neruda (1971) y el gran promotor y difusor de la obra del poeta cabrero, Vicente Aleixandre (1977). No obstante, subraya que el gran Federico García Lorca le despreciaba, por envidia.

Entrevistado vía telefónica en Alicante, el doctor en Filología habla sobre la reciente publicación de su edición de la Obra Completa de Miguel Hernández (Edad, 2017), que se suma a la docena de libros que ha escrito sobre el autor de El rayo que no cesa, en la que corrige unos 3 mil errores a la versión de Espasa Calpe de hace 25 años, la única que hasta ahora existía que incluía poesía, teatro y periodismo.

El poeta Miguel Hernández. Foto: Especial

Un escritor emblemático

—¿Por qué se interesó en particular en Miguel Hernández?

—Llevo trabajando sobre él más de 40 años. Miguel Hernández es un escritor emblemático, simbólico de la historia de la literatura, pero también de la historia social de la literatura en España y el mundo hispánico, en el sentido de que de verdad es un escritor que logra erigir la palabra poética en palabra ética. Es el poeta con mayor repercusión, sin duda, en la lengua; tiene una presencia en la sociedad y en la juventud como ninguno, sobre todo porque siempre está vigente. A 76 años de su muerte, cuando apenas rondaba los 32 años, sigue siendo un escritor completamente válido, con una poesía pletórica de valores humanos. Y todo eso es lo que me ha hecho siempre insistir en el estudio y difusión de su obra.

—¿Qué características tiene tu edición, comparada con las de Losada y Espasa Calpe?

—Así es, el primer intento de reunir sus obras fue la edición de Losada, en Buenos Aires, que data de 1960, pero no eran obras completas ni mucho menos, les faltaba muchísimo. En 1992 se publicó un trabajo de investigación que había profundizado y, sobre todo, que había transcrito el trabajo literario de Miguel Hernández, miles de páginas manuscritas, con las que se había conformado una edición, la de Espasa Calpe, que sí se había acercado a la plenitud, tanto en poesía, como en teatro y crónicas periodísticas.

“Sin embargo, desde ese 1992 hemos encontrado otras obras de Miguel Hernández, además de que la edición de Espasa Calpe tenía más de 3 mil errores de todo tipo, hasta de mecanografía, y eso me dio a mí el primer peldaño para corregirlas y ver si podía hacer una edición limpia, con una fijación de texto ya definitivamente resuelto, con toda la limpieza, que es lo que quiere un artista. Después llegaron algunas obras que no estaban incluidas. En concreto, mi edición reúne una treintena de textos que son nuevos, 30 textos nuevos son bastantes. Esto me permite decir que estamos delante de la edición de obras completas de Miguel Hernández más certera, limpia y fina; no hay ni un desliz en un coma. Un gran escritor merece tener ya por fin una edición de estas características”.

—¿Estos 30 textos nuevos eran totalmente inéditos?

—No, yo ya había trabajado en ellos, muchos los había recuperado hace unos cuatro o cinco años; habían salido en algunas ediciones, pero no de obra, algunas ediciones de estudio, pero sí que hay algunos que son completamente inéditos, que yo los he podido transcribir de manuscritos, en poesía y en prosa.

Jesucristo Riquelme refiere que todos los poemas inéditos han sido transcritos directamente de los manuscritos del archivo de Miguel Hernández en el legado literario que custodia la diputación de Jaén.

En prosa, recuerda la inclusión de un texto que nunca ha sido recogido como propio de Miguel Hernández, pero que está sacado de un diario, de un periódico de 1937, en plena Guerra Civil española. Un texto además muy hermoso, que se titula “Inauguración de la biblioteca”.

“Fueron las palabras de la inauguración de una biblioteca en plena Guerra Civil, ¡una biblioteca para los soldados! Sólo pensar que existía esta preocupación en él, que se desempeñaba como comisario de Cultura del bando republicano. Imaginar que los libros debían tener presencia en la vida de los soldados es tan relevante como una frase, que seguro que la había leído Hernández del gran García Loca, que decía que cuando alguien tenía hambre, o cuando la gente, el pueblo llano sentía hambre, sólo se podía solucionar con medio pan y un libro. La expresión es ya clarividente por sí misma”, dice.

También se incluyen en la edición de Edaf cuatro cuentos infantiles del autor de “El niño yuntero” y “Nanas de las cebollas”, dos que se conocieron con motivo de su centenario en 2010, pero que sólo habían sido  publicados en el catálogo de una exposición.

“Son dos cuentos infantiles dedicados a su hijo, que no había cumplido tres años, que Miguel Hernández había regalado a un preso en la cárcel de Alicante don- de murió, donde lo dejaron morir; se los regaló a este joven que era estudiante de medicina y que servía de enfermero en donde el poeta estaba. Este amigo ya había seleccionado dos de los cuatro cuentos que había escrito Miguel Hernández y los había reproducido con acuarelas y elaboró un librito, en cuya tapa Miguel Hernández le dijo que pusiera la dedicatoria a su hijo: ‘Para Manolillo, para cuando sepa leer’”, detalla Jesucristo Riquelme.

El investigador español destaca también la obra dramática y periodística de Miguel Hernández, incluida en el volumen de obras completas, en las que se recogen seis obras de teatro.

“Miguel Hernández escribió casi más páginas para el teatro que para la poesía. A él el teatro le entusiasmaba; él quería ser un famoso dramaturgo, sobre todo porque veía que el teatro le podía dar no sólo fama sino también dinero, algo por lo que él escribía. Él quería ganarse la vida haciendo lo que le gustaba y lo que sabía, que era escribir, y escribir no sólo literatura, sino como usted hace referencia, con textos periodísticos.

“Respecto a las crónicas periodísticas, en efecto, Losada apenas hace referencia. En Espasa Calpe se recoge ya la inmensa mayoría y yo recuerdo tener más de media docena de textos nuevos, que no habían sido incorporados por Espasa Calpe”.

El poeta Miguel Hernández. Foto: Especial

Reportero de guerra

Miguel Hernández fue un periodista que escribió en primera línea de la cárcel y un reportero de guerra, recuerda el erudito.

“Miguel Hernández escribió casi más páginas para el teatro que para la poesía. A él el teatro le entusiasmaba; él quería ser un famoso dramaturgo, sobre todo porque veía que el teatro le podía dar no sólo fama sino también dinero, algo por lo que él escribía”.

“Me gusta decir a mí que Miguel Hernández fue de cierto modo pionero respecto a las técnicas de lo que más tarde se llamaría el Nuevo Periodismo, con Truman Capote, Tom Wolfe o Norman Mailer; técnicas que, en su tiempo, faltaban 25 o 30 años para que se desarrollaran con plenitud”.

“No digo que fuera el primer periodista del nuevo periodismo, pero sí que esas técnicas de escribir en primera persona, escribir queriendo profundizar en los entresijos de las causas, de la sicología de los personaes, de las figuras que son noticias, empezar con las anécdotas y los sucesos personales de esos protagonistas, para luego poder ofrecer algunos datos presunta- mente objetivos de la noticia, y a veces hasta enjuiciarlos, este proceso Miguel Hernández en sus crónicas ya lo emplea”.

“Algunas aparecen por entregas porque son largos relatos, que no puede incluir en un solo número del periódico. Es una función importante la que desarrolla Miguel Hernández como periodista”.

—¿Qué temas abordaba en esas crónicas?

—Tenía una doble perspectiva: la bélica, alentando a la parte republicana de los combatientes a participar en la defensa de la democracia y de la libertad. Eran artículos épicos, de guerra, de los sucesos que acaecían en los lugares en donde él estaba, animando a la gente, contando avances y la resistencia de la fuerza republicana, que con el tiempo fue aplastada por el ejército del general Francisco Franco. Pero hay otra vertiente interesantísima que es la que tiene más trascendencia, quitándole la contingencia de ese periodo histórico bélico al que me refiero, que era desde la perspectiva del combatiente también, pero resaltando el lado social, el lado de la participación de la mujer, la mujer luchadora, no sólo guerrera o guerrillera, sino como campesinas, como aldeanas, cuya mano de obra es necesaria para el desarrollo del país.

“Esa vertiente es interesantísima y es probablemente una de las peculiaridades del Miguel Hernández periodista. Por un lado, el periodista bélico, en favor del bando republicano, en defensa de la democracia; pero en segundo lugar, un escritor que no deja nunca de lado la reivindicación del labrador, del campesino, de la mujer trabajadora, para cohesionar la sociedad de la época y que se consigan los logros del compromiso social por el que él luchó y vivió siempre”.