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Niños en la calle, fracaso del Estado

En 2007, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en México trabajaban 3.6 millones de niñas, niños y adolescentes, cifra que representaba el 12.5% de la población infantil de ese mismo rango de edad. Eran menores de 14 años, casi 1.1 millones; es decir, un tercio del total.

Once años después, las cifras se han duplicado, pero el porcentaje es el mismo: 67% por ciento de los menores trabajadores corresponde al sexo masculino, por 33% del femenino.

De esos menores de 14 años que desempeñan algún trabajo que debería ser remunerado, el 23.8% se concentra en Puebla, Jalisco y Guerrero. Mientras que el 52.6% se distribuye en Michoacán, Oaxaca, Estado de México, Guanajuato y Veracruz.

Con frecuencia, el destino de la niñez que trabaja es la discriminación, el consumo de drogas, la explotación laboral, la prostitución, el acoso policial y la delincuencia.

Ello, a pesar de que la Convención sobre los Derechos del Niño establece “el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

Como niños trabajadores, el Módulo de Trabajo Infantil (MTI) de la ENOE define a quienes cuidan autos en las calles, limpian parabrisas en los cruceros, cantan en el transporte público u ofrecen entretenimiento, como los “tragafuegos”, o los cómicos, o quienes se acuestan sobre cristales.

De los menores de 14 años que desempeñan algún trabajo que debería ser remunerado, el 23.8% se concentra en Puebla, Jalisco y Guerrero. Mientras que el 52.6% se distribuye en Michoacán, Oaxaca, Estado de México, Guanajuato y Veracruz. Foto: Arturo Campos

Ciudad de México

Hace un año, en un esfuerzo sin precedentes, el gobierno de la Ciudad de México, con el apoyo de organizaciones  civiles y académicas, aplicó el Censo de las Poblaciones Callejeras 2017.

Pese a los pocos voluntarios que se registraron para censar y a que la actividad se realizó en una sola noche, los resultados obtenidos fueron por demás interesantes: 6 mil 754 personas desarrollan su vida a partir de las calles. 

De ese total, 4 mil 354 viven en la vía pública y 2 mil 400 en albergues. La gran mayoría, 82.66%, son hombres de 18 a 59 años; 11.29% son mujeres en el mismo rango de edad; 1.9% son niños y adolescentes –alrededor de 130 menores– y 3.74%, ancianos.

El concepto “niños de la calle” surgió a mediados de la década de los 70, con los primeros estudios antropológicos sobre el tema. Pero ha ido evolucionando. Hoy se habla de “poblaciones callejeras”, “invisibles” para las autoridades que, lejos de buscar una solución social a su problemática, aplican programas asistencialistas o “limpias sociales” que vulneran sus derechos humanos.

“Se trata de una demografía emergente en la que no sólo hay niños. La idea de dar el concepto de poblaciones callejeras es para reconocer que son personas, de cualquier edad, que han visto negados sus derechos humanos”, asevera Luis Enrique Hernández Aguilar, director de la organización El Caracol, ubicada en la Ciudad de México, que desde 1994 trabaja con este tipo de poblaciones.

Un niño pide ayuda económica en la Ciudad de México. Según la OCDE, 8.4% de los menores mexicanos trabaja para apoyar a su familia.  Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro.

Las causas de que hagan de la calle su refugio van más allá del rompimiento en el núcleo familiar, como se creía en los 80 y 90. Tiene que ver con la falla de los llamados círculos de protección social, asegura Luis Enrique Hernández: “Cuando tenemos un problema, el primer círculo de protección es la familia; cuando se rompe, sigue la familia extensa (tíos, abuelos); si no funciona, sigue la comunidad (en el pasado la escuela y la iglesia, actualmente los centros comunitarios y de tratamiento de adicciones); si aquí también hay falla, el último es la estructura del Estado, sus instituciones (programas sociales, el DIF). Cuando los cuatro no responden, la calle es la opción”.

De acuerdo con el censo, de entre quienes viven en las calles, 39% dijeron haber salido por problemas familiares, 28% por problemas económicos, 14% por adicciones, 14 por otros motivos y 5 por problemas de salud física o mental.

La Unicef asegura que en la Ciudad de México hay al menos 14 mil niños que viven y trabajan en la calle, de acuerdo al informe anual de 2016. Aunque un informe sobre la infancia presentado por la entonces diputada perredista Verónica Pérez Juárez en abril de 2013, establecía que en la capital del país existía una población de 95 mil niños y niñas en situación de calle. La mayoría de ellos expuestos al problema de la violencia intrafamiliar.

Fracaso del Estado

Juan Martín Pérez, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), señala que las poblaciones callejeras, independientemente de si están compuestas por menores de edad o no, “son la clara demostración del fracaso del Estado mexicano en el cumplimiento de la Constitución y los tratados internacionales. El tema de fondo es que no se les reconoce como ciudadanos en plenitud de derechos”.

Los riesgos que corren los niños que trabajan es la discriminación, el consumo de drogas, la explotación laboral, la prostitución y la delincuencia. Foto: Diego Simón/Cuartoscuro.

En el caso de los menores, el artículo cuarto de la Constitución y la Convención por los Derechos del Niño de la ONU establecen la obligación del Estado mexicano para garantizar condiciones dignas para un desarrollo adecuado a los pequeños. Lo que en estos casos sigue sin cumplirse.

La violencia y vulneración a las que se enfrentan día a día niños, jóvenes y adultos en situación callejera son múltiples: golpizas y persecución por parte de los cuerpos de seguridad, “limpias sociales” enviadas por las autoridades, agresiones sexuales, algún grado de explotación, falta de acceso a la salud, a la vivienda, a una alimentación adecuada, a empleos, a la identidad (muchos carecen de acta de nacimiento), a vivir en familia, a una remuneración digna, entre otras. Los resultados del censo hablan de que 42% de ellos ha sufrido violencia física, 27% psicoemocional, 17% económica y 11% sexual.

Tres generaciones

Víctor Inzúa, investigador de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM y especialista en el tema, apunta que hoy en día ya se puede hablar de tres generaciones de “niños de la calle” a partir de la década de los 70, cuando se empezó a estudiar y documentar el fenómeno. Es decir, el especialista considera que a esa generación se suman ahora las del periodo entre las décadas 19902010 y la de la última década.

En Guerrero, un niño juega con su arma de juguete. En América Latina, a partir de que se unen al crimen, los menores tienen una expectativa de vida de tres años. Foto: Bernardino Hernández/Cuartoscuro.

“Consideran que hay menos violencia que en sus casas, y vale la pena estar ahí pese a los constantes conflictos con la policía; se acostumbran a la vida en los espacios públicos y generan un bagaje que les da ciertas herramientas y conocimientos para sobrevivir en las calles”, explica. Para los especialistas en el tema, las políticas públicas deberían basarse en una estrategia para la reintegración familiar. Sin embargo, “eso representa dinero y esfuerzo que políticamente no conlleva beneficios”, subraya Víctor Inzúa.

Sobre las probables redes de explotación y prostitución infantil, el director de El Caracol, Luis Enrique Hernández Aguilar, asegura que es muy difícil detectarlas, pues al tratarse de delitos graves y delincuencia organizada, no cualquiera se atreve a denunciar.

Un mal de las  grandes ciudades

En la zona metropolitana de Guadalajara, desde mayo de 2017 la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ) destacó la importancia de llevar a cabo un censo para conocer el total de niños que existen en condición de calle, ante la falta de una estadística confiable.

Ese organismo revela que la mayoría de esos infantes se ubican en los municipios de Guadalajara y Zapopan. Además, señala que 86% de esa población está compuesto por varones y que el promedio de edad oscila entre los 3 y los 17 años.

Un pequeño vende sombreros y camina sobre la banqueta que divide una avenida en Tuxtla Gutiérrez. Foto: Jacob García/Cuartoscuro.

En el estudio, la institución indica que de ese sector, 40% son niños callejeros que venden algún tipo de mercancía; otro 26% se dedica a limpiar parabrisas; 10% trabaja de payasito; 10% pide limosna y 6% cuida carros. El promedio de ingresos es de 100 a 150 pesos por día, aunque hay algunos que reportan ocasionalmente hasta 300 pesos en una sola jornada.

Tras los datos de los niños en la calle –según las instituciones y organizaciones civiles– persiste la falta de una red de protección a los infantes y la permanencia de familias disfuncionales o con altos índices de violencia en su interior.

En el caso del área metropolitana de Nuevo León, cifras similares indican que de los miles de niños observados en la calle, 63% son varones y37% mujeres. De esa población, poco más de la mitad –54.8%– se encuentra en la calle en calidad de acompañante de un adulto, mientras que el resto realiza actividades diversas, como artísticas, comerciales, de mendicidad y servicio.

Las principales actividades que realizan los adultos son el comercio (75%) y la mendicidad (20%).

Esa última actividad es ejercida en 72% por niñas, niños y adolescentes indígenas.

Los menores que viven y duermen en las calles enfrentan problemáticas alarmantes, como morir en las aceras, víctimas de drogas o enfermedades. Foto: Luis Fernando Moreno.