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Rescatan legado de fotógrafos de la sociedad y cultura yucatecas

Cargando sólo con su cámara, el fotógrafo Pedro Guerra (1856-1917), siempre acompañado de su hijo, realizó durante más de ocho décadas, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, un registro puntual de la sociedad y cultura yucatecas. Incansable, se dedicó a fotografiar lo mismo a los mestizos más humildes que a los gobernantes y empresarios más prominentes, sin olvidar a deportistas, artistas de circo, obreros, comerciantes y músicos.

No sólo eso. Su curiosidad lo llevó a realizar vistas de las haciendas henequeneras, de zonas arqueológicas y de fachadas de edificios, así como de rituales funerarios, carnavales y mítines. Todos conocían a padre e hijo, que siempre iban de un lado a otro, y también sabían de su estudio, al que muy pocos yucatecos perdieron la oportunidad de visitar, durante los 82 años que se mantuvo abierto, de 1877 a 1959.

Es la historia de éxito de Pedro Guerra Jordán y Pedro Guerra Aguilar, quienes después, con el paso de los años, fueron prácticamente olvidados, ante el asombro de los especialistas que sabían de su existencia.

Pedro Guerra fotografió personajes de toda índole y estatus social. Foto: Pedro Guerra.

Más de 500 mil negativos son los que conforman la radiografía de una sociedad que ya no existe, y que ahora es rescatada en el libro Fotografía Artística Guerra. Yucatán-México, coordinado por los investigadores José Antonio Rodríguez y Alberto Tovalín, y publicado en el contexto del 40 aniversario de la fototeca Pedro Guerra.

El primer libro dedicado al Estudio Guerra fue Mérida, el despertar de un siglo (1992), en el que se mostraban algunos tópicos de la obra de los fotógrafos yucatecos; sin embargo, el que presentan ahora Rodríguez y Tovalín aborda por primera vez su legado desde diferentes líneas de estudio.

Con 316 páginas, el volumen -que contó con el apoyo de la Universidad Autónoma de Yucatán y la Fototeca Pedro Guerra, y con el patrocinio de la LXIII Legislatura de la Cámara de Diputados-, ofrece una selección de más de 200 fotografías y diez ensayos realizados por historiadores y académicos de Yucatán y de la UNAM.

“Pedro Guerra era muy conocido entre especialistas pero no había un libro importante que abordara su obra. Era muy conocido en folletería, en algunas exposiciones, pero esta es la primera vez que se da un panorama bastante completo sobre la vida y obra de Pedro Guerra y su hijo”, afirma en entrevista Rodríguez.

Más de 500 mil negativos se rescataron para Fotografía Artística Guerra.

El también editor de la revista Alquimia menciona que el libro descubre a un Pedro Guerra sensible, que no sólo se dedicó al retrato de estudio, sino que sacó la cámara a las calles para capturar lo que ocurría a su alrededor. En este sentido, secunda Tovalín, “la obra de Guerra también contempla la arqueología, la vida cotidiana, la sociedad en sí misma.

“Más aún. También se iba acompañando al gobernador Francisco Cantón (1898-1902) para hablar con las ciudades disidentes. Acuérdate que tiempo antes estuvo la Guerra de Castas. Era un cuate bragado, que no sólo estaba a la espera de quien llegase a su estudio, sino que salía a buscar un registro importante”.

Así, en el libro es posible observar retratos de jóvenes parejas, a niños trabajando en haciendas henequeneras o a un grupo de políticos –entre ellos Francisco I. Madero– en un mitin de apoyo a la candidatura de José María Pino Suárez a la gubernatura de Yucatán en septiembre de 1911.

Desde las familias más ricas hasta los barrios más humildes, nada escapaba del lente de Pedro Guerra e hijo. Foto: Pedro Guerra.

Esclavitud y feminismo

Consciente de que ninguna investigación está cerrada -“la historia sigue en búsqueda de nuevas fuentes”-, Rodríguez relata que al sumergirse en este universo fotográfico halló al menos dos temas que deberán ser investigados en el futuro: el de la esclavitud y el del movimiento feminista.

“Hay muchos enigmas todavía en Yucatán que la fotografía nos podría revelar. Por ejemplo, el esclavismo. Ese universo del esclavismo no lo tocamos, porque no está lo suficiente documentado, pero lo sospechamos muy bien; hay mucho detrás de las imágenes de indígenas, que creemos son yaquis, que se llevaban desde el puerto de Guaymas, Sonora, hasta la península yucateca.

“El otro aspecto es el universo feminista. Empieza muy rápidamente en Yucatán a lo que después se va a dar en el centro. Con este libro, hemos tratado de plantear este panorama complejo de una sociedad y de un territorio que no era mexicano, porque Yucatán se anexó a la federación hasta 1840. Es un territorio que siguió más bien haciéndose con sus propias leyes”.

Después de reflexionarlo un poco, Rodríguez reitera: “No teníamos un estudio serio, ahora lo tenemos, lo tienen los investigadores; pueden jalar el hilo de la madeja, para de ahí caminar y buscar otras cosas”.

“Hay muchos enigmas en Yucatán que la fotografía nos podría revelar.” José Antonio Rodríguez, investigador. Foto: Pedro Guerra.

Reportero. Desde hace 14 años colabora en medios impresos y electrónicos en la Ciudad de México, en los que ha realizado coberturas de asuntos políticos, sociales y culturales.