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Ricardo Anaya “Sí soy opositor al sistema”

Algunos consideran el cabello rapado símbolo de poder e influencia; para los expertos en imagen puede parecer incluso agresivo; en el budismo significa apartarse de la vanidad, o hasta una forma de purificación. Para Ricardo Anaya, es más bien pragmatismo.

“Es práctico y cómodo”, comenta mientras sostiene su maleta en el aeropuerto de Tampico, Tamaulipas, donde transcurre la entrevista con Punto Rojo. El candidato de la coalición Por México al Frente se ve a ratos rodeado por personas que se acercan tímidamente a pedirle una selfie a quien pretende llegar a Los Pinos.

Viste un infaltable chaleco gris con el “Anaya presidente” bordado. Botines de gamuza, un pantalón de gabardina azul marino y camisa casual, azul claro. Ese es el atuendo oficial de campaña del aspirante nacido en Naucalpan, Estado de México, pero queretano por convicción.

Con frases cortas, devela un poco de lo que pasa por su cabeza como candidato presidencial, luego de haber sido el segundo hombre más joven en dirigir el Partido Acción Nacional.

–¿Qué es el PAN para ti?

–Esperanza.

–¿Y Gustavo Madero?

–Amigo, al que le tengo mucha gratitud.

Madero fue su mentor en la dirigencia nacional, lo dejó a la cabeza del partido en septiembre de 2014 para ser aquél primero en la lista de diputados federales plurinominales y confiado de que recibiría la coordinación del partido en San Lázaro… pero Anaya no se la dio.

Dejar de lado a la esposa de Calderón,  Margarita Zavala, quien renunció al blanquiazul decepcionada por el proceso interno para elegir al aspirante presidencial, le gestó enemigos en casa a Anaya. Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro

A raíz de este y otros desencuentros con panistas, a Ricardo Anaya se le ha tachado de autoritario. Él lo niega, tajante, y dice: “Soy demócrata”. Esto, pese al alejamiento con figuras de dicho instituto político, como el ex presidente Felipe Calderón, resultado del acuerdo con el Partido de la Revolución Democrática para ser el abanderado del frente opositor.

Dejar de lado a la esposa de Calderón,  Margarita Zavala, quien renunció al blanquiazul decepcionada por el proceso interno para elegir al aspirante presidencial, le gestó enemigos en casa a Anaya. Pero a cambio, esta senda le ganó también la simpatía de un ex adversario, el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, a quien ve como “un hombre valiente y transformador”.

El PRD, “un gran partido”

Considera al PRD un gran aliado y compañero de viaje “para la transformación del país”, en este acuerdo que ha construido también con Movimiento Ciudadano. Dice que las tribus son amigas y rechaza que el sol azteca, partido que dirigió Andrés Manuel López Obrador y del que salió para fundar Morena, haya sido domado o esté fracturado. “Es un gran partido político”, afirma, “que ha logrado la democratización de México”.

–¿Se vale declinar?

–Cada quien decide. Yo voy a ganar hasta el final.

–¿En tu caso no declinarías?

–De ninguna manera.

No es partidario de anular, se inclina por el voto. Sin embargo, a la pregunta de si tiene que escoger entre Meade o López Obrador, el político de 39 años contesta: “Por ninguno de los dos”.

Al cuarto día de los 90 de campaña decretó las conferencias matutinas, casi todas en un hotel de Mariano Escobedo. Reporteros desvelados deambulan por el lugar cual almas en pena, en un formato que a muchos recordó “Las mañaneras”, las conferencias de prensa diarias de López Obrador cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal (2000-2005).

Sobre AMLO comenta que lo respetaba como opositor al sistema, “pero ahora ya ni eso”. Foto: Misael Valtierra/Cuartoscuro.

El puntero en las encuestas, dice Anaya, no le quita el sueño. Seguro del desarrollo de su campaña, ha reconocido incluso la perseverancia del aspirante presidencial de Juntos Haremos Historia. En resumen, lo considera autoritario y reconoce que lo respetaba como opositor al sistema, “pero ahora ya ni eso”, le atiza.

¿Opositor o aliado?

Se declara a sí mismo como el opositor del sistema, aunque las principales críticas en su contra son que como líder del PAN en la Cámara de Diputados aprobó casi todas las reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto, al que busca relevar en la presidencia.

–¿Es opositor al sistema, desde el sistema?

–Sí lo soy. Quiero un cambio para México. Pero desde fuera, para lograr un cambio.

En la tierra donde creció conoció al amor de su vida: Carolina Martínez, e inició una carrera política que lleva ya 21 años. Anaya expresó su preferencia por una entidad en particular: “Lo digo sin empacho. Se va a notar que el presidente de México es queretano”.

Como panista, no se inclina por el conservadurismo ni por las nuevas corriente del Sol Azteca, a la que se han añadido el perredista Fernando Belaunzarán y el blanquiazul Javier Corral.

Los dardos que le lanzaron estudiantes del Tecnológico de Monterrey con sus preguntas durante el encuentro que sostuvo en territorio regio, pueden dar un mejor norte del pensar de Anaya que el de sus discursos.

Una estudiante inquiere: “Legalización de las drogas”. Anaya responde: “Son problemas complejísimos… Si me pides una sola palabra, de corto plazo… Eso no va a resolver el problema”. La alumna: “Aborto”. El candidato: “Vida”. Moderadora: “Matrimonio igualitario”. El presidenciable: “Tolerancia”.

Se declara a sí mismo como el opositor del sistema, aunque las principales críticas en su contra son que como líder del PAN en la Cámara de Diputados aprobó casi todas las reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto. Foto: Mario Jasso/Cuartoscuro.

Se dice hombre de familia y en su campaña lo muestra. Padre de tres hijos: Santiago, Mateo y Carmen, Anaya hace lo posible por regresar a su hogar cada día mientras transcurre el reloj de arena que llegará al 1 de julio a la par de su último granito.

La parte racional juega también un papel importante en el carácter del presidenciable. Amante de la física e investigador que no fue, se declara admirador de hombres de ciencia como Isaac Newton y Albert Einstein antes que de cualquier político.

En contraste con el juarismo más que conocido que esgrime su rival tabasqueño, el ex líder del PAN se identifica más bien con Francisco I. Madero.

Madero es concebido por algunos historiadores como un político idealista y romántico, que terminó cavando la propia tumba por su confianza en ex porfiristas, lo que derivó en la llamada Decena Trágica.

Pero más allá de filias y fobias, el “joven maravilla” (como le apodaron sus compañeros de legislatura en la Cámara de Diputados) ha dejado en claro que este era su momento y no en seis años. Así lo afirmó ante jóvenes del Tec: “Tengan claro lo que quieran en la vida y peleen con todas sus fuerzas, luchen con todo su empeño por lograrlo”.

Periodista de a pie. Rockero de corazón, reportero de profesión. Biker de fin de semana y ciudadano en defensa del Derecho a la Información. Estoy a favor de las audiencias y de dar el contexto de los datos.