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Votos según capacidades

En busca de una nueva colocación en el gobierno, muchos jaliscienses ahora en campaña no dudaron en abandonar un cargo público anterior, ya fuera pidiendo licencia (el caso de quienes se desempeñaban en puestos de elección popular como munícipes y legisladores) o renunciando a encomiendas asignadas por otros, como ha sucedido con un número casi incontable de funcionarios estatales, federales, municipales, universitarios… Estos dizque servidores públicos cargan con un pasado que en contados casos los acredita como funcionarios probos y competentes, capaces de devengar los altos sueldos que reciben, pues en su gran mayoría con lo único que cuentan es con el descrédito público.

Por lo anterior, los ciudadanos de la comarca, invitados a participar en los comicios del 1 de julio, dispondrán de buenos elementos de juicio a la hora de votar, momento en que podrán sufragar a favor o en contra de cada uno de los susodichos, lo mismo por quienes aspiran a la gubernatura de Jalisco que por aquellos y aquellas que buscan aunque sea una regiduría en el municipio más modesto del estado, así como por quienes tienen los ojos puestos en el Congreso de Jalisco o en el Congreso de la Unión.

Si los votos se repartieran con justicia, a partir del historial y las aptitudes de los candidatos, según el criterio para asignar los salarios de conocida obra teatral mexicana (Sueldo según capacidades, de Antonio Argudín), lo más seguro es que la mayoría no lograría reunir ni los sufragios mínimos para mantener el registro del partido o de las alianzas que los postularon.

Pero como en los comicios siempre tiene que haber ganadores, aun cuando éstos no lo merezcan, es que muchos de los contendientes en campaña confían en que no sólo se estarán salvando de una bien merecida reprobación electoral, sino que eventualmente podrán conseguir un buen hueso y, si no, al menos una $ustancio$a croqueta como premio de consolación para los próximos años.

Alfaro aumentó considerablemente el subsidio a los business culturosos que regentea el mencionado ex rector. Imagen: Especial.

Ni chicha ni limonada

Aparte de la poca o nula competencia en la administración pública de la magra caballada que ahora mismo trota de forma errática y sin mucho estilo en el hipódromo electoral de la comarca, el grueso de los jaliscienses atestigua una promiscuidad partidista como nunca antes se había visto, con competidores que no son ni chicha ni limonada, es decir, sin una identidad ideológica, pues no son ni de izquierda ni de derecha ni de centro, sino todo lo contrario, como dijera conocido ex presidente mexicano. Y esto porque en su inmensa mayoría los contendientes son ideológicamente intercambiables, semovientes que saltaron de un carril a otro –unos por despecho, otros por oportunismo, sin descartar tampoco que más de alguno lo haya hecho por convicción–, y que como buenos logreros enarbolan tan campantes una bandera que apenas ayer decían abominar.

En este nuevo circo de las ideologías, como llamó Justino Fernández al mural que José Clemente Orozco pintó en el cubo de la escalera de Palacio de Gobierno, puede verse, por ejemplo, a candidatos a la gubernatura que nacieron políticamente en el PRI, luego viraron o coquetearon con el PRD y ahora van como abanderados al máximo cargo de Jalisco por otro partido. Ese es el caso del alcalde tapatío con licencia, Enrique Alfaro, que va como abanderado por Movimiento Ciudadano, y también del ex diputado priista Salvador Cosío Gaona, quien fue postulado al mismo cargo por el Partido Verde Ecologista de México, aun cuando en el ínter haya coqueteado con Morena.

Pero éstos no son los únicos representantes de nuestra fauna política que en cosa de poco tiempo prácticamente han agotado todo el espectro partidista, tomando en consideración que el “progresista” Alfaro ahora apoya y ha hecho alianza política con quien es el candidato presidencial de la derecha (léase del PAN), Ricardo Anaya. También figuran entre los candidatos multipartidistas dos antiguos militantes del PRD y quienes hasta hace unas semanas eran altos funcionarios de la Universidad de Guadalajara: Tonatiuh Bravo Padilla y Mara Robles, rector general y rectora del Centro Universitario de los Altos, respectivamente.

Ambos personajes tuvieron que separarse de sus encumbrados cargos en la cúpula udegeísta para buscar una diputación (federal y local) bajo las siglas de la alianza PAN, PRD y MC, coalición autodenominada Por México al Frente. Aun cuando eso de “buscar” sea un decir, pues uno y otra van a la segura, en el entendido de que ambos compiten con la ventajosa red protectora de las primeras plazas de candidatos a una diputación plurinominal, lo que significa que ni aun noqueados electoralmente perderían, y habrán de ser “representantes”, pero no de los intereses de los jaliscienses, sino del depositario de sus lealtades: el ex rector Raúl Padilla.

Las muy campechanas candidaturas de estos alfiles padillistas forman parte de la relación clientelar y de la alianza política que establecieron Enrique Alfaro y el líder universitario; un acuerdo que le permitiría a este último asegurar y consolidar sus negocios “culturales” ya establecidos, así como poder darles forma a los que tiene en ciernes, entre ellos un complejo inmobiliario, hotelero y comercial en el dizque Centro Cultural Universitario de Belenes.

En Abril el ex-rector de la UDG, Raúl Padilla, se unió como coordinador de cultura a la campaña del aspirante a la presidencia por la Coalición por México al Frente, Ricardo Anaya. Foto: Cuartoscuro.

Como alcalde, Alfaro aumentó considerablemente el subsidio a los business culturosos que regentea el mencionado ex rector y, entre otras dádivas, regaló el subsuelo del jardín de Mexicaltzingo a la misma cúpula padillista para que construya ahí, aun contra la voluntad de los vecinos y de buena parte de la sociedad, un estacionamiento subterráneo para beneficio del Teatro Diana. Por su parte, los dirigentes udegeístas han apoyado y elogiado –o guardado un útil silencio– los proyectos e iniciativas más cuestionables de la administración alfarista, como el programa “arte público”, la venta y privatización de predios e inmuebles municipales, la extinción de las calandrias, etcétera.

Piedras en el zapato

Sin embargo, para la pareja política de moda en la comarca no todo será coser y cantar, pues por más que los sondeos de opinión ahora coloquen a Alfaro a la cabeza de las preferencias electorales y sus contendientes de mayor consideración (del PRI, del PAN y de Morena) aparezcan muy rezagados, no son pocos los factores que no favorecen la alianza o la componenda alfaro-padillista. Entre esas piedras en el zapato está el hecho de que dicha alianza no es bien vista por muchos de quienes simpatizaban con Alfaro cuando era independiente y hasta parecía ser un creíble adversario político  de Raúl Padilla.

Otro factor adverso, hasta ahora no suficientemente capitalizado por sus competidores, son las deficiencias de la administración alfarista en Guadalajara, que salvo casos contados como el ordenamiento a medias del comercio informal en el primer cuadro, no pudo entregar una mejor ciudad que la que recibió. Por lo demás, la capital de Jalisco es ahora más insegura, contaminada, sucia y menos amable que hace tres años.

Por último, está también el factor López Obrador, el cual no obra en favor de la alianza Alfaro-Padilla, y que de llegar a Los Pinos sería todo, menos una buena noticia para un eventual gobierno de Alfaro, lo mismo que para la expansión de las empresas universitarias, que son, en su gran mayoría, no sólo seudoculturales, sino también deficitarias, pues no pueden moverse sin el combustible del dinero público. 

Cronista, periodista y académico universitario. Ha publicado Oblatos-Colonias: andanzas tapatías, (2001 y 2013), ¡Ai pinchemente: teoría del tapatío (2011) y El Llano Grande: un recorrido por el territorio rulfiano (2017).